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Crisol

El mundo

El Plano del Caos

Cuando los mundos muertos se fundieron, hubo añoranzas que no casaron con nada. La colada las escupió, y fueron a parar aquí, debajo de la Frontera del Kaos: una ciudad que cuelga del revés, un desierto que no deja de caer, un bosque de relojes y una catedral de todas las fes.

Solo baja quien ya ha vuelto a nacer una vez, y cada pocas horas sube la Marea de Escoria. En el Umbral, Ilde, la exploradora, quiere los cinco núcleos que sujetan cada región del plano.

Niveles 50 a 50, 216 salas. Se entra desde La Frontera del Kaos. Hace falta 1 prestigio para entrar. Para ir desde el juego: viajar El Plano del Caos.

Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.

El plano

La planta de la entrada

Plano de El Plano del Caos, la planta de la entrada: 51 salas.Las huellas sin vuelta. Aquí se posa quien baja desde el mirador de la Frontera: el cristal negro está marcado con cientos de huellas de botas, todas hacia el norte, ninguna de vuelta.El suelo transparente. Aquí el cristal negro se aclara hasta casi desaparecer, y bajo tus botas se abre el vacío entero, con cinco masas oscuras colgando de él como frutas de un…El mojón de cristal. Alguien ha amontonado aquí trozos de cristal negro en un mojón a la altura de la cintura, la única señal de camino en toda la llanura.El clavo solitario. Un ancla está hincada en mitad del cristal, solitaria: un clavo de hierro negro, grueso como un brazo, que sobresale hasta la rodilla.La grieta de los tejados. Una raja ancha parte aquí el cristal negro de la llanura y deja ver lo que cuelga debajo: tejados.La costra gris. Una costra gris y porosa cubre el cristal en este tramo, seca y quebradiza, como la espuma que deja una ola al retirarse.La estrella de grietas. Cinco grietas largas salen de un mismo punto del cristal y se alejan como los radios de una rueda rota.La franja estrecha. La llanura se estrecha aquí hasta ser una franja de cristal de pocos pasos de ancho, con vacío a ambos lados.El pozo de las voces. El cristal está aquí molido a golpes, y entre las esquirlas algo se desplaza solo, a ras de suelo, buscando contra qué chocar.La escalera de los cánticos. Algo suelto y afilado da vueltas por este rincón de la llanura, y el cristal está lleno de marcas recientes de sus pasadas.El espejo sin reflejo. En este tramo el cristal negro está tan pulido que hace de espejo: ves en él el abismo de arriba con sus pedazos de mundos girando despacio, pero no te ves a…Las rajas que cantan. Un viento que no se siente en la piel pasa por las rajas de este tramo y les saca una nota larga y grave, como de un cuerno muy lejano.La orilla del latido. La llanura acaba aquí en un borde limpio, y más allá solo hay vacío.El hueco del tictac. Un pedazo de mundo a la deriva roza este borde de la llanura, y cada vez que pasa arranca esquirlas del cristal con un chasquido seco.La cortina de arena. La franja de cristal acaba en un borde por el que se derrama arena, una cortina fina y continua que cae hacia un desierto que nunca termina de caer.El campamento de Ilde. Un ancla está hincada en el cristal, un clavo de hierro negro grueso como un brazo, y a su alrededor se ha levantado un campamento pequeño: una lona, un fuego…El desván de vigas. Estás dentro del ayuntamiento, en un desván de vigas donde todo está del revés: pisas el techo, entre las vigas, y el suelo de tablas queda encima de ti con…El cuerpo de guardia. Esto es el cuerpo de guardia del ayuntamiento y huele a cuero, a sudor y a hierro engrasado: quien vigila aquí no deja pasar a nadie que no sea de la casa.Los objetos perdidos. Es la oficina de objetos perdidos: estanterías cargadas de cosas extraviadas cuelgan del suelo de arriba, cada una con su etiqueta.La bajada entre raíces. Este es el borde de un bosque de árboles grises que dan relojes en lugar de frutos, y los oyes antes de verlos: mil tictacs que no coinciden y que parecen…El recodo del péndulo. El camino tuerce aquí: del este viene la senda y hacia el sur baja otra entre raíces.El claro de las seis. Un claro redondo se abre entre los troncos, y aquí siempre son las seis.La senda de las cadenas. Una senda estrecha corre de este a oeste bajo árboles cargados de cadenas: de cada rama penden ristras de relojes de bolsillo enganchados unos a otros, como…El sendero que retrocede. En este tramo del sendero el tiempo corre hacia atrás.El clavo del linde. El bosque se acaba aquí contra un vacío gris, y en el último palmo de suelo firme se hunde un ancla: un clavo de hierro negro, grueso como un brazo.Los tocones numerados. Aquí han talado: una docena de tocones bajos rodean el sendero, cortados a hachazos limpios.La encrucijada de los cucos. Es un cruce entre troncos tan gruesos que cada uno tiene una puertecilla de madera en la corteza.La pila de horas taladas. Junto al camino se apilan troncos cortados en leños iguales, como leña para el invierno, pero en cada corte asoma una esfera con las manecillas quietas: son…El ancla de los segunderos. En medio de la senda se hinca un ancla de hierro negro, un clavo grueso como un brazo, y a su alrededor los segunderos de todos los relojes cercanos avanzan…El tronco de la esfera. Un tronco enorme ocupa casi todo el paso, y en su corteza, a la altura del pecho, se abre una esfera de reloj tallada en la misma madera, con números de nudos…El claro de medianoche. Un claro donde siempre es medianoche: el cielo de encima es negro y las estrellas no titilan, sino que hacen tic, cada una a su ritmo, como cabezas de alfiler…El reloj de arena volcado. Un reloj de arena del tamaño de un carro yace volcado entre dos troncos, con uno de sus bulbos de vidrio rajado.El ancla de la costra gris. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está hincada entre las raíces de un árbol muerto, y las raíces se han enroscado a ella como si se agarraran…La bóveda de los ojos. Las ramas se cierran aquí en una bóveda baja de la que cuelgan relojes de todas las formas, y entre ellos brillan de vez en cuando dos ojos de cristal.El pozo de las manecillas. Este calvero lo guarda otra ancla de hierro negro, clavada junto a un pozo de piedra del que no sale agua sino manecillas sueltas que flotan y giran como hojas…La espesura detenida. En esta espesura el tiempo se ha parado.El cruce de los relojes enanos. Un cruce de cuatro caminos con un ancla en el centro: el clavo de hierro negro asoma del suelo y a su sombra han crecido relojes en el musgo, pequeños como…El claro de los cristales rotos. En este claro la hierba está sembrada de cristales: relojes caídos y reventados contra el suelo, con las tripas de ruedecillas esparcidas.El paso de las cornamentas. Un paso de animales cruza la espesura, y la corteza de los árboles está arañada a la altura de una cabeza alta, con surcos brillantes de metal.El robledal cerrado. Un robledal cerrado donde el bosque termina contra un muro de troncos apretados.La alameda del tictac. Una alameda de árboles altos y rectos, plantados en hilera, en la que todos los relojes laten a la vez.El sotobosque de las llaves. Un sotobosque bajo y enmarañado donde, entre los helechos, crecen llaves de dar cuerda como si fueran hongos, con la cabeza de mariposa abierta.El linde de la hora quieta. Todo se detiene en este tramo del bosque: los relojes cuelgan quietos de las ramas, parados a la misma hora, y no se oye un solo tictac.La hondonada del despertador. Una hondonada cerrada, sin otra salida que la cuesta del norte.El árbol de la campanada. Un árbol solitario, más alto que los demás, crece en este rincón, y de su copa cuelga un único reloj grande como una rueda de molino.La pradera de engranajes. Una pradera abierta entre los árboles, donde la hierba no es hierba: son ruedecillas dentadas finísimas, verdes de óxido, que crujen y engranan unas con otras…El claro sin hora. Es un claro sin hora, y el peligro se respira.El reloj de sol sin sol. En un rincón despejado se alza un reloj de sol de piedra, aunque aquí no hay sol que lo alumbre.El nido de muelles. Un rincón de árboles viejos y huecos en el que algo anida: por el suelo se esparcen muelles retorcidos, ruedecillas dentadas y plumas de chapa de latón.El primer rellano. El primer tramo del campanario: un rellano de madera desde el que la escalera de caracol sigue arriba y baja abajo, hacia el pie de la torre.La cámara de las cuerdas. Un cuarto lateral de la torre donde bajan del techo cuerdas de campana, decenas, todas tensas, unas de cáñamo y otras de crin o de cadena.

1 planta por encima

Plano de El Plano del Caos, 1 planta por encima: 4 salas.La galería de los retratos. Un ancla atraviesa la galería principal del ayuntamiento: un clavo de hierro negro, grueso como un brazo, que ha partido el techo donde pisas y sale por el…El salón de los tapices. En este salón hace guardia alguien que no quiere visitas: en las tablas de arriba hay marcas de botas que van y vienen, siempre el mismo trecho, y una mancha…La sala del registro. Es la sala del registro, con un mostrador colgado del suelo de arriba y libros enormes abiertos sobre él, sujetos del revés.El tramo de las campanas mudas. Un tramo de escalera que sube por dentro del muro, entre campanillas colgadas de ganchos, mudas: tienen el badajo atado con trapos negros, como en un duelo.

2 plantas por encima

Plano de El Plano del Caos, 2 plantas por encima: 3 salas.La escalera de honor. La escalera de honor del ayuntamiento se ensancha aquí en un rellano, con la alfombra roja pegada a los peldaños que tienes encima y la barandilla de mármol…El despacho del secretario. Un despacho estrecho, con un escritorio pegado al suelo de arriba y un tintero volcado del que la tinta sube en un hilo negro hasta perderse en las vigas.El rellano anclado. Un rellano estrecho en mitad de la torre, donde un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, atraviesa el suelo de tablas y se hunde en el muro de abajo.

3 plantas por encima

Plano de El Plano del Caos, 3 plantas por encima: 2 salas.La antesala de la alcaldía. Es la antesala de la alcaldía, y aquí el aire pesa: tras la puerta del oeste una voz habla sin parar, en tono de discurso, y a cada pausa un mazo golpea y hace…El salón de plenos. El salón de plenos se extiende del revés sobre tu cabeza: una mesa larga con sillas para un concejo que no existe, un estrado y, presidiéndolo todo, el sillón…

1 planta por debajo

Plano de El Plano del Caos, 1 planta por debajo: 103 salas.El caballete de la llegada. Caes sobre el caballete de un tejado y te quedas de pie en él: aquí la ciudad está del revés.El bosque de chimeneas. Decenas de chimeneas brotan de los tejados en este punto, apretadas como troncos, y tienes que pasar de lado entre ellas.La boca de las voces. Bajas a unas grutas donde las palabras no se apagan: cada sonido rebota de pared en pared, brilla un instante al pasar junto a ti y sigue su camino.El pórtico de mil templos. Este es el pórtico de una catedral hecha de pedazos: columnas de mil templos distintos, de mármol, de madera, de barro, se apoyan unas en otras sin casar, y…La buhardilla del comedor. Un tejado tiene aquí una buhardilla con la ventana abierta, y a través de ella ves un comedor del revés: la mesa pegada al techo, los platos servidos, la…El pozo de la garganta. Un pozo ancho se abre en el suelo de la gruta, y de él sube un rumor de voces tan espeso que casi se puede tocar; por él se baja, abajo, a las galerías hondas.El rincón del nombre. En este rincón de la gruta un solo eco da vueltas sin descanso, repitiendo la misma palabra, que suena a un nombre gritado por alguien que buscaba a otro.La nave de las losas revueltas. La nave mayor de la catedral se abre aquí sobre un suelo de losas de mil templos revueltas sin orden: mármol junto a tierra pisada, mosaico junto a tablas.El hueco de aire quieto. Bajas a un desierto donde la arena no descansa en el suelo: cae del cielo en hilos finos y constantes, como en la mitad vacía de un reloj.El clavo entre las tejas. Un ancla atraviesa el tejado de esta casa: un clavo de hierro negro, grueso como un brazo, hincado hasta la mitad entre las tejas.La encrucijada de la tiza. Cuatro pasajes se cruzan en esta sala, y alguien ha llenado las paredes de flechas de tiza, rayas y círculos tachados, como quien intenta no perderse y lo…La galería de las brasas. Una galería baja, de techo negro, donde los ecos pasan tan cerca que se ven como brasas cruzando el aire y dejando una estela tibia en la cara.El pasillo de las pilas. Un pasillo lateral bordeado de pilas de agua bendita, cada una labrada por manos distintas y cada una llena de un líquido diferente: agua, aceite, vino agrio,…La hilera de estacas. Una hilera de estacas de madera gris cruza la arena de este a oeste, todas inclinadas en el mismo ángulo, como si se apoyaran contra la caída.La duna que se rehace. Una duna alta y blanda ocupa este rincón del desierto, y no se está quieta: la arena que cae la va rehaciendo grano a grano, siempre con la misma forma.El balcón de los geranios. Por encima de este tejado asoma un balcón con macetas de geranios, y las flores crecen hacia abajo, colgando hacia ti, buscando una luz que de aquí no viene.La cámara de la risa. Una cámara pequeña y redonda, sin más salida que la del sur, donde da vueltas la risa de un niño que no acaba nunca.El túnel de los alfabetos. Un túnel recto atraviesa la roca, y en sus paredes no queda un palmo sin letras: alfabetos enteros, unos encima de otros, grabados, pintados, quemados.El campo de vidrios rotos. Entre la arena asoman curvas de vidrio grueso y empañado, pedazos de una ampolla enorme que algún día debió de contener todo esto.El canalón cuesta arriba. Un canalón de cobre recorre el borde de este tejado y el agua corre por él cuesta arriba hasta la bajante, y por la bajante sube sin prisa hasta la calle.La sima del grito. Al borde de una sima, un grito sin dueño gira en el aire como un ave de presa, brillando en rojo cada vez que se acerca, y donde roza la roca la deja marcada.El ancla de la costra negra. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está hincada en mitad de la llanura, y la arena que cae a su alrededor se posa mansa, sin remolinos: aquí la…La veleta colgada. Una veleta de hierro cuelga de la punta de un tejado como un pez del anzuelo, con el gallo cabeza abajo, girando despacio.El campamento enterrado. Bajo la arena que cae asoman los restos de un campamento: aros de piedra ennegrecidos y cuerdas tensas que salen del suelo y no llevan a ningún sitio.La vista del ayuntamiento. Desde este tejado se ve, al oeste, la mole del ayuntamiento colgando de la calle mayor, más grande que cualquier otra casa, con su torre apuntando al abismo.La cresta quebrada. Una cresta de arena afilada como un cuchillo corre de este a oeste y se quiebra cada pocos latidos, derramándose ladera abajo para volver a alzarse enseguida,…El tragaluz de la panadería. Un tragaluz de cristal se abre en este tejado sobre una panadería del revés.La pasarela de tablas. Una pasarela de tablas une los aleros con el ayuntamiento, y sobre ella ronda una gárgola de piedra que se desprende hacia arriba y vuelve en picado contra…La encrucijada del poste. Aquí se cruzan los caminos del desierto, señalados por un poste de piedra con brazos que apuntan a todas partes, aunque la arena ha borrado lo que decían.El abrigo de las lonas. Unas lonas pardas, cosidas a retazos, forman un cortavientos medio enterrado donde la arena cae en un ángulo menos cruel.La garita del alero. Una garita de guardia cuelga del alero de esta casa, y quien la ocupa no está para charlas: oyes el roce de una alabarda contra la piedra y unos pasos que no…El tejado del ayuntamiento. Un ancla, un clavo de hierro negro grueso como un brazo, se hinca en las losas del tejado del ayuntamiento, junto a una gran claraboya abierta.Las costillas varadas. Unas costillas enormes, blancas y pulidas, salen de la arena en dos hileras curvas, como el casco de un barco naufragado en las dunas.El muro invisible. El desierto acaba aquí de una forma extraña: al este, la arena que cae choca contra algo invisible y resbala por él, dibujando en el aire una pared que no…La garganta de las zarpas. La arena cae aquí en una garganta entre dos peñas talladas, marcadas por arañazos largos de algo enorme que se afila las garras.La duna del tictac. Un tictac seco sale de debajo de la arena, y la duna entera está agujereada de pequeños cráteres por los que algo con caparazón entra y sale.La ronda del farol. Por este tramo pasa la ronda de la guardia de la ciudad, y en los aleros hay golpes frescos de alabarda en la piedra: aquí se ataca a quien no anda boca abajo…El pie de la torre. Una gárgola ronda este extremo del tejado, y el roce de sus alas de piedra se oye antes de verla.Bajo el balcón principal. Encima de ti asoma el balcón principal del ayuntamiento, desde el que se hablaría a la plaza si la plaza estuviera debajo.El cauce de cristal. La arena se ha fundido aquí en regueros de cristal, surcos lisos y transparentes que serpentean entre las dunas, y algo igual de transparente se mueve por…El patio de las respuestas. Has entrado en la guarida de algo enorme y paciente, y el peligro es inmediato: aquí no cae ni un grano de arena y el aire tiene el peso de un aliento…El ancla de las tiras. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, se alza en la cima de la duna, y en su círculo la arena cae despacio, casi con respeto.El reloj de sol. En la fachada de esta casa hay un reloj de sol colgado del revés, y la sombra de su varilla se mueve aunque aquí no hay sol que la proyecte.Las ventanas de las actas. Una fila de ventanas recorre la fachada del ayuntamiento justo encima de este tejado.La columna que se desploma. En mitad de la duna cae un chorro de arena mucho más grueso que los demás, una columna que se desploma desde el techo del cielo y truena al chocar contra el…La loma de vidrio molido. Esta loma no es de arena sino de vidrio molido, que destella con cada grano que cae y te corta si te arrodillas.La duna más alta. Subes a la duna más alta del desierto, una joroba de arena que no lleva a ninguna parte: solo se puede volver al sur, hacia el clavo negro.La duna rayada. La arena cae aquí en tandas de colores y la duna crece a franjas, como los anillos de un tronco, surcada por rastros de patas menudas y por un tictac que te…El ancla del armazón. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está clavada en el suelo junto al armazón de un reloj de arena gigante, volcado y sin cristales.El campanario colgante. Un ancla, un clavo de hierro negro grueso como un brazo, está hincada en el tejado al pie de un campanario que cuelga de la calle hacia el abismo.El rincón de los paraguas. En este rincón del tejado hay una docena de paraguas abiertos, encajados entre las losas con la tela hacia abajo, y la lluvia que sube del abismo los va…El techo al alcance. Aquí el cielo de arena cuelga tan bajo que podrías tocarlo estirando el brazo, y lo que cae no son hilos sino terrones que se deshacen al rozarte el pelo.La roca del abrigo. Una roca solitaria, negra y lisa, deja a su abrigo una franja de suelo donde no cae arena, y en esa cara alguien ha grabado marcas con puntas afiladas.La arena que sube. Este tramo del desierto está mal hecho: entre los hilos que caen hay otros, muy pocos, que suben despacio hacia el techo, y donde se cruzan el aire…La granizada de arena. Aquí la arena cae más gruesa, en granos como lentejas que repiquetean sobre tus hombros con un ruido de granizo que no cesa.El clavo del mercado. Otra ancla está hincada aquí, a pocos pasos de la anterior: un clavo de hierro negro, grueso como un brazo, torcido pero firme.La cornisa de la gárgola. Una de las gárgolas de esta cornisa no está quieta: se suelta de la piedra, cae hacia arriba, hacia la calle, y desde allí se lanza contra lo que se mueve en…La hoya de las mudas. Una hoya abrigada está alfombrada de mudas transparentes, pieles de cristal que tintinean cuando la arena les cae encima, y alguna de ellas no está vacía.El ancla del cerco de piedras. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, sostiene el borde occidental del desierto, y alguien ha rodeado su base con un cerco de piedras planas puestas…La hoya de las cáscaras. Una hondonada llena de cáscaras vacías de escarabajo, con forma de reloj de arena, cruje a cada paso, y entre ellas se oye el tictac de las que no están vacías.La trampilla cerrada. El tejado acaba aquí contra la pared de una casa más alta, y en ella hay una trampilla de madera, cerrada por dentro, justo a la altura de tu mano.El puente de cuerdas. Entre este tejado y el siguiente falta una casa, un solar vacío en la calle de arriba, y por el hueco se ve el abismo de abajo hasta muy hondo.El rótulo de la botica. Del muro de una tienda, sobre tu cabeza, cuelga un rótulo de hierro que se balancea hacia arriba con un chirrido: un mortero y su mano, la enseña de una botica.El borde de la caída. El desierto se acaba aquí en un borde limpio como el de una mesa: al oeste no hay suelo, solo arena que sigue cayendo hacia una oscuridad que no termina.El cuello del embudo. La cuesta acaba en un cuenco de arena donde todo lo que cae se arremolina y se hunde por un agujero estrecho en el centro, como por el cuello de un reloj.Los muñones de las chimeneas. Las chimeneas de este tramo están arrancadas de cuajo y solo quedan los muñones, y entre ellos la escoria se ha secado en regueros grises.El último tejado. Aquí se acaba la ciudad: el último tejado termina en un borde de tejas rotas, y más allá la calle de arriba se corta en el aire, con medio adoquinado colgando…El tendedero. Entre dos tejados cruza un tendedero, y la ropa tendida no cuelga: se levanta, estirada hacia la calle de arriba, como si la sacudiera un viento invisible.La estatua que señala. Cuatro tejados se tocan en este punto, y encima de ti se abre una plazuela con una estatua en el centro, colgada cabeza abajo de su pedestal: un hombre con el…La fuente detenida. Encima de ti, en mitad de la calle, hay una fuente de piedra con su pilón.El tejado hundido. El tejado de esta casa se ha hundido en el centro, y por el boquete ves un desván del revés: baúles pegados al techo, un caballito de madera colgando de su…La claraboya del aula. Por una claraboya ves un aula del revés: los pupitres pegados al techo, la pizarra cabeza abajo, un maestro que dicta a una clase vacía.El nicho de la despedida. Este nicho cerrado guarda un único eco, lento y bajo, que dice adiós una y otra vez con la voz de alguien muy cansado.La capilla sin advocación. Una capilla pequeña y vacía, al fondo del pasillo, sin advocación: el altar está desnudo y sobre él hay un retablo cuyo marco dorado no encierra ninguna…El crucero de las campanas. El crucero de la catedral, bajo una cúpula agrietada de la que cuelgan campanas sin campanario.El presbiterio partido. El presbiterio: un estrado de piedra donde un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, atraviesa el ara de un altar partido en dos mitades.El coro de espaldas. El coro: dos filas de sillerías de madera oscura, cada asiento vuelto hacia un altar distinto, de modo que quienes se sentaran aquí se darían la espalda.El confesionario doble. Una estancia de paso con un confesionario doble pegado a la pared: dos garitas de madera unidas por la misma rejilla, de modo que quien se confiesa en una se…El deambulatorio del surco. Un deambulatorio curvo da la vuelta por detrás del presbiterio, con el suelo marcado por un surco profundo que han abierto pies que caminan en círculo sin…La capilla de los cirios invertidos. Una capilla estrecha llena de cirios encendidos que arden hacia abajo: la llama cuelga de la mecha como una gota y la cera sube por el cirio en vez de…La galería de los exvotos. Una galería estrecha cubierta de exvotos: manos, ojos, piernas y corazones de cera colgados de clavos, ofrecidos a santos cuyos nombres alguien ha raspado de…La galería de los verdugos. Una galería larga, con vitrales a ambos lados en los que santos de distintas fes se apuñalan, se queman y se ahogan unos a otros, en colores vivos.El altar amontonado. Aquí se amontonan altares unos encima de otros hasta el techo, como muebles en un desván: aras de piedra, mesas de ofrendas, piedras de sacrificio, todas de…Los vitrales enfrentados. Un claustro cubierto con un vitral a cada lado: en uno, un santo de túnica blanca mira al de enfrente con odio, y el del otro vitral le devuelve la misma…El claustro del ancla. Un claustro abierto, con un patio de tierra seca en el centro y un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, hincada donde debería haber un pozo.El pasillo de las lápidas. Un pasillo de piedra con las paredes cubiertas de lápidas empotradas, todas con el nombre borrado a cincel, de modo que solo quedan las fechas y las oraciones.La hornacina vacía. Una hornacina enorme se abre en la pared de este pasillo, vacía; en el suelo, debajo, hay un rastro de polvo de yeso y trozos de ala blanca que alguien ha…El huerto de los incensarios. Un huerto muerto dentro de los muros: un árbol seco del que cuelgan incensarios en vez de frutos, balanceándose y soltando humos de olores que no casan: mirra,…El escritorio de las glosas. Un escritorio de copistas, con pupitres inclinados y libros abiertos en lenguas y alfabetos que no se parecen entre sí.La nave de los ángeles portantes. Una nave alta cuyas columnas son ángeles de yeso, de pie, con los brazos levantados sosteniendo la bóveda.El órgano que respira. En esta esquina se levanta un órgano hecho con tubos de mil templos: de metal, de caña, de hueso, de barro.El refectorio de los ayunos. Un refectorio largo con una mesa de piedra donde nunca se ha comido: los platos están vacíos y limpios, y ante cada asiento hay una regla de ayuno distinta…El pasadizo de los relicarios. Un pasadizo estrecho cuyas paredes están llenas de relicarios rotos: urnas de cristal reventadas, cofrecillos de plata abiertos y vacíos.El baptisterio seco. Un baptisterio redondo con una pila bautismal grande en el centro, seca hasta el fondo.La tribuna de los púlpitos. Una tribuna corre bajo púlpitos colgados de la pared a distintas alturas, uno encima de otro, cada uno de un credo.La cripta de los cálices. Una cripta baja, al final del pasadizo, donde en nichos excavados en la roca descansan cálices volcados, cientos, todos boca abajo.El arco de las mitras. Un arco de piedra coronado por una fila de mitras y tiaras talladas, que no pertenecen a la misma iglesia, separa aquí tres pasillos.El ancla bajo el rosetón. Bajo un rosetón inmenso hecho de cristales que no casan, un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, se hinca en las losas.El osario del ancla. Un osario: las paredes están hechas de cráneos y fémures apilados con cuidado, de fieles de mil credos mezclados, y en el centro se hinca un ancla de hierro…La celda del rezo ajeno. Una celda de monje convertida en paso, con un camastro de piedra y la pared escrita: alguien ha repetido una oración tantas veces y tan encima de sí misma que…El pie del campanario. El pie del campanario: una sala cuadrada con una escalera de caracol que sube arriba, hacia las campanas, cuyo tañido baja por el hueco como agua por un pozo.El ábside ciego. El ábside ciego de la catedral: un semicírculo de muro sin ventanas ni altar, pintado de arriba abajo con un fresco que alguien ha tapado con cal, salvo un ojo…La capilla de los sin rostro. Una capilla pequeña en la que todas las imágenes conservan el cuerpo pero no el rostro: alguien les ha limado la cara hasta dejarla lisa.

2 plantas por debajo

Plano de El Plano del Caos, 2 plantas por debajo: 26 salas.El ancla al pie del pozo. Al pie del pozo que baja de arriba, un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está clavada en el suelo de la gruta, y en su círculo los ecos se callan de…La galería de los aleteos. Un aleteo constante llena esta galería, y en la penumbra cruzan formas negras hechas de palabras sueltas, con alas que cortan el aire y bocas que muerden.La grieta del lamento. Por esta grieta estrecha corre un lamento que no se apaga, y donde roza la roca deja tajos finos como de cuchilla: es un eco que corta, y viene y va.El ancla enredada. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está hincada en esta gruta, y a su alrededor se han enredado ecos como hilos de luz que tiran y no consiguen…El nido de las palabras. Este hueco sin salida es un nido: el techo hierve de palabras negras colgadas boca abajo, que se sueltan y vuelan contra ti en cuanto te sienten.El paso de las letras inquietas. En este paso las letras de las paredes no se están quietas: se deslizan por la roca como insectos cuando no las miras y se ordenan en filas cuando un eco pasa…La bóveda de los nombres. Bajo una bóveda alta, cientos de ecos dicen nombres, cada uno el suyo, sin escucharse unos a otros, y la luz que dejan forma una nube pálida contra el techo.La poza de las letras. Una poza de agua negra y quieta ocupa casi todo el suelo, y en su superficie se reflejan letras que no están escritas en ninguna pared.La sala bajo la sima. Esta sala recoge todo lo que cae por la sima de arriba, y entre los ecos que llegan hay uno suelto que se revuelve furioso, golpeando las paredes y a quien se…Las estalactitas que vibran. Del techo cuelgan estalactitas largas y finas que vibran como diapasones cada vez que un eco las roza, y la sala entera zumba con palabras partidas.La chimenea alta. Una chimenea de roca sube aquí hasta perderse en lo oscuro, y por ella bajan en espiral palabras con alas que chillan sílabas sueltas y se lanzan sobre quien…La hornacina de la plegaria. Una hornacina tallada en la roca cierra este pasaje, y dentro de ella una plegaria se repite en voz baja, sin el nombre de nadie a quien rezar.El fondo del murmullo. El pasaje acaba en un fondo cerrado donde los ecos se amontonan sin poder salir, tantos que el murmullo se vuelve espeso como agua y te zumba en los oídos.El ancla de las órdenes. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está clavada en el suelo y te protege; fuera de su círculo, ecos con voz de mando gritan órdenes que ya nadie…La grieta de las preguntas. Una grieta cerrada recoge ecos que preguntan: cientos de preguntas a media voz, sin respuesta, que se tropiezan unas con otras y se apagan sin terminar.El ancla de las lenguas. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, sujeta esta gruta, y los ecos que se acercan se detienen en el borde de su círculo, hablando todos a la vez en…La cueva del último verso. Un hueco sin salida donde un eco recita un verso que termina siempre una palabra antes de tiempo, y vuelve a empezar.El corredor de la cuenta atrás. Un corredor largo donde un eco suelto cuenta hacia atrás sin llegar nunca al final, y cada vez que recomienza se lanza contra quien encuentra, con un filo de…El puente de piedra sonora. Un puente natural de piedra cruza una grieta sin fondo, y la piedra zumba bajo tus pies como si hablara por dentro.La sala de los coros. En esta sala amplia cantan a la vez cientos de voces que no se ven, todas la misma frase, y la luz de sus ecos ondula por las paredes como reflejos en el agua.La estrechura. El paso se estrecha tanto que tienes que avanzar de lado, y las voces que corren por aquí te rozan la cara con un calor de aliento.La antesala del estruendo. Esta cueva tiembla: del este llega una voz tan grande que hace caer polvo del techo, y todos los ecos de aquí huyen hacia el oeste.La cámara del Eco Mayor. Has entrado en una caverna redonda donde todos los ecos de las grutas vienen a morir en uno solo, inmenso, que te golpea el pecho antes de que lo oigas; la…La sacristía de los dioses muertos. Una sacristía alta y fría, el peor lugar de la catedral: armarios abiertos donde cuelgan casullas, mantos y túnicas de mil cultos, negras de polvo.La cima de las campanas. La cima del campanario, entre campanas enormes que tocan a la vez a misa y a difuntos y te ensordecen.La cornisa de los ángeles. Una cornisa estrecha por fuera de la torre, abierta al vacío gris del plano, con una barandilla de piedra rota.

3 plantas por debajo

Plano de El Plano del Caos, 3 plantas por debajo: 16 salas.El clavo bajo las grutas. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está hincada en el suelo, y a su alrededor la escoria se queda quieta y la realidad se sostiene.La galería de las nanas. Una galería larga y baja cruza la escoria de este a oeste, y en ella se oyen nanas: decenas de voces cantan a la vez canciones de cuna distintas, y ninguna…El rincón de las campanas. El pasillo dobla en un rincón donde la escoria se ha tragado un racimo de campanas de bronce, y todavía suenan desde dentro, ahogadas, cada vez que late el…El patio del pozo seco. En mitad de las galerías la escoria ha dejado intacto un trozo de patio: baldosas de tres colores que no combinan y un pozo con brocal de piedra, sin cuerda ni…La costura caliente. Una costura recorre la pared de arriba abajo: aquí se juntaron dos pedazos que no casaron y siguen empujándose, y por la grieta sale un vapor que quema.La encrucijada tibia. Cuatro pasos se cruzan en una cámara redonda de paredes que ceden al tacto como cera caliente.El pliegue de las bocas. La pared de este rincón está llena de pliegues que se abren y se cierran como bocas, y cada una murmura en una lengua distinta sin esperar a que la otra…La garganta templada. Un paso estrecho de paredes blandas que se cierran un poco cuando avanzas y se abren cuando te paras, como una garganta que traga.La hondonada del latido. Estás en una hondonada de escoria oscura y blanda que sube y baja bajo tus pies, como el pecho de algo dormido que no acaba de despertar.El clavo junto a la boca. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, sale del suelo junto a un agujero redondo, y alrededor de ella la escoria no se mueve: aquí la realidad se…El paso de la lluvia inversa. En este tramo llueve hacia arriba: de los charcos del suelo se desprenden gotas que suben despacio y se pierden en el techo, unas calientes y otras heladas.La pendiente de la costra. La escoria de esta cuesta está seca y cuarteada, en una costra gris que cruje al pisarla: la marea pasó por aquí y dejó cosas arrancadas, una rueda de carro,…La mesa puesta. La escoria ha engullido media mesa de comedor, larga y de madera oscura, y la otra media sigue puesta: platos de loza distinta en cada sitio, como si se…El fondo de los nombres. Un callejón sin salida acaba en una pared cubierta de nombres rayados en la escoria, cientos, en letras que no se parecen entre sí.La escalera dispar. Aquí empieza el corazón del plano, y su latido sube por el suelo como un aviso: lo que vive en el centro no tolera visitas, y todo lo que se arrastra por estas…La escalera de las esteras. La escalera se ensancha aquí y sobre los peldaños hay esteras de oración de mil credos, cada una orientada hacia un lado.

4 plantas por debajo

Plano de El Plano del Caos, 4 plantas por debajo: 11 salas.La cámara del vientre. Bajo el agujero se abre una cámara ancha y caldeada, el vientre del corazón, donde el latido ya no retumba sino que empuja, y lo notas en el estómago.La vena roja. Por el centro de esta galería corre un canal de escoria fundida, roja y lenta, que avanza a golpes al compás del latido, como sangre por una vena.El nicho de los relojes. Un nicho cerrado donde la escoria ha guardado relojes: de pared, de bolsillo, de arena, de sol, todos incrustados y todos en marcha, cada uno a su ritmo y…La alcoba fría. Un hueco pequeño donde el calor del corazón no llega: aquí hace un frío de invierno cerrado y el aliento se te hace vaho.El paso de los rostros. En las paredes blandas de este paso hay rostros hundidos, como si alguien hubiera apretado caras contra cera tibia: viejos, niños, gente de pueblos que no se…La bolsa pegajosa. El paso se ensancha en una bolsa de escoria espesa que se pega a las botas y tira de ellas hacia abajo.El cerco de la marea. Un ancla de hierro negro, gruesa como un brazo, está hincada en mitad del paso, y en torno a ella la realidad se sostiene.La horquilla blanda. La galería se parte aquí en dos: al norte se abre un hueco pequeño que huele a cosas guardadas; al oeste, las paredes se oscurecen y el latido suena tan cerca…El buche de las cosas. Un hueco cerrado donde la escoria acumula lo que traga y no digiere: un montón de cosas medio fundidas entre sí, un zapato con una cuchara, una muñeca con un…La antesala de los ecos. Al sur, tras una abertura que se dilata y se cierra, late el centro de todo, y las paredes repiten con mil voces lo que supieron quienes entraron: lo de dentro…El corazón sin cuajar. Este es el centro del plano: una cámara redonda de paredes que laten, donde hablan a la vez todas las voces que no encontraron con quién casar, y lo que mora…