El mundo
La Frontera del Kaos
Al final del camino real empieza la Frontera del Kaos: lo que es y lo que solo lo parece se tocan sin mezclarse. Llueve hacia arriba, las colinas pastan y todo duda de sí mismo. Desde su fortín, los Vigías del Lindero velan por que nada cruce entero.
Dentro esperan el Cartógrafo Desatado, el Bibliotecario sin Rostro, la Ballena que Nada en el Aire y la Verdad Mentirosa. Desde el mirador del Kaos se baja al Plano del Caos. En la cantina, el Hojas busca a quien le devuelva las anclas del mundo.
Niveles 45 a 50, 199 salas. Se entra desde El Plano del Orden . Para ir desde el juego: viajar La Frontera del Kaos.
Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.
interior ciudad campo bosque colinas montaña agua la entrada puerta con llave arriba o abajo sale de la zona lleva a una sala que no cabe en el plano
El plano
La planta de la entrada Plano de La Frontera del Kaos, la planta de la entrada: 100 salas. El último mojón. El camino real llega hasta aquí y se acaba sin ceremonia, como una frase a la que le han arrancado el punto. El camino de los mojones. Alguien siguió plantando mojones más allá del final del camino, uno cada pocos pasos, como si medir la tierra fuera la única forma de convencerla de que existe. El camino de los mojones. Los mojones se apiñan aquí más de lo razonable: hay tres en el espacio donde cabría uno, y los tres marcan distancias distintas al mismo sitio. Un puente sobre un río que corre en círculo. Un puente de madera salva un río estrecho y oscuro. La explanada del fortín. La tierra se allana delante de una muralla baja de piedra gris. La puerta del fortín del Lindero. Un portón de roble reforzado con bandas de hierro da paso al fortín. El patio del fortín. Un patio de tierra batida rodeado de edificios bajos: barracones al oeste, una cantina al este y una torre de vigía que sube junto a la muralla norte. La poterna norte. Una puerta pequeña y baja se abre en la muralla norte. La cantina del fortín. Una sala baja y caliente, con una chimenea que tira mal y cuatro mesas que nadie ha alineado nunca. Los barracones. Hileras de catres con mantas grises bien dobladas y baúles a los pies. El campo de las sombras rezagadas. Una pradera de hierba corta y gris se extiende al norte del fortín. La última hoguera. En un claro de la pradera arde una hoguera que nadie alimenta. La lluvia que sube. Aquí llueve, pero al revés: las gotas brotan de la tierra y suben despacio hasta perderse en unas nubes bajas y pesadas que nunca terminan de llenarse. El huerto de lo casi. Un huerto abandonado, con sus bancales y su espantapájaros. La linde donde termina el color. Al norte, el mundo pierde el color a franjas, como una acuarela a la que se le acaba el agua. El pozo que responde. Un brocal de piedra musgosa rodea un pozo profundo. Delante de una casa a medio recordar. Una casa de dos plantas se alza junto al huerto. La entrada a la Llanura Plegada. Aquí se acaba el color que traías del Lindero y empieza una llanura gris pálido, sin accidentes, que se extiende en todas direcciones con una regularidad… Dentro de la casa a medio recordar. El interior es una cocina que es también un dormitorio que es también la sala de una casa de otra persona. La Llanura Plegada. Un árbol solitario se alza en la llanura, pero crece hacia dentro: las ramas se hunden en el tronco y el tronco en la tierra, como un dibujo que alguien… La Llanura Plegada. Una hilera de piedras redondas, de las que ruedan los ríos, cruza la llanura de oeste a este. Un charco que refleja otro cielo. Un charco ancho y quieto ocupa una hondonada de la llanura. La Llanura Plegada. En el suelo se abre un pozo redondo, de bordes limpios, sin brocal. El arroyo que cruza dos veces. Un arroyo de agua clara atraviesa la llanura de oeste a este y, unos pasos más allá, vuelve a atravesarla en sentido contrario por el mismo cauce, sin chocar… Junto a la casa que está en todas partes. En mitad de la llanura hay una casa de labranza con las contraventanas verdes, un pozo y un perro de madera tallada junto a la puerta. Un campo de relojes de sol. Decenas de relojes de sol de piedra brotan del suelo como setas, cada uno con su gnomon de bronce. La Llanura Plegada. Un poste indicador se alza en mitad de la nada, con una docena de flechas de madera clavadas a distintas alturas. La Llanura Plegada. La llanura sigue hacia el norte con la misma hierba y el mismo cielo, pero el camino que lleva en esa dirección tiene una particularidad: al recorrerlo, la luz… La Llanura Plegada. En la hierba yace el esqueleto de una criatura que tenía demasiadas esquinas. Un lugar que no termina de estar. Este rincón de la llanura parpadea. La Llanura Plegada. La hierba tiene costuras. Donde el norte vuelve. Un tramo de llanura igual que todos, salvo por un detalle: hacia el norte, a unos pasos, ves la espalda de alguien que se aleja. La Llanura Plegada. En la tierra blanda hay una fila de huellas de bota que vienen hacia ti. La Llanura Plegada. El suelo es transparente en esta parte de la llanura, como un cristal sucio, y bajo tus pies se ve otro cielo, con otras nubes y un sol que se pone. La Llanura Plegada. Aquí la hierba crece alta, hasta la cintura, y susurra cuando sopla el viento. La Llanura Plegada. La hierba de la llanura no crece hacia arriba sino de lado, toda en la misma dirección, como peinada por un viento que se marchó hace siglos y no ha vuelto. La costura de la llanura. La llanura termina en una costura enorme, de puntadas tan gruesas como brazos, que la une con otra cosa. Junto a la casa que está en todas partes. La casa de labranza de las contraventanas verdes vuelve a estar aquí, con su pozo, su perro de madera y su trampilla entreabierta. El cruce de todos los caminos. Cuatro sendas de tierra se encuentran en una explanada pisoteada, cada una con su mojón: Norte, Este, Sur y Oeste. La Llanura Plegada. Un mapa enorme, del tamaño de una sábana, está clavado al suelo con alfileres de cabeza de cristal. Junto a la casa que está en todas partes. Otra vez la casa de labranza de las contraventanas verdes, con su pozo y su perro de madera, aunque estás seguro de que la dejaste atrás hace rato. La Llanura Plegada. Aquí el viento sopla en tres direcciones a la vez: te despeina hacia el norte, te tira de la capa hacia el oeste y te empuja la espalda hacia el este, sin que… Un lugar que no se decide. La llanura vacila en este punto. Al pie de una escalera que sube al aire. Una escalera de mano de madera vieja está apoyada contra el aire. Un campamento de cartógrafos. Tres tiendas de lona agujereada rodean los restos de una hoguera. La costura descosida. Pasas de lado entre dos puntadas gruesas como brazos y la llanura se queda atrás, cosida a esta otra cosa con hilo negro. La Llanura Plegada. Un rebaño de colinas pequeñas pasta en esta parte de la llanura. Donde el este se dobla. La llanura se pliega hacia el este en un pliegue tan cerrado que puedes ver el otro lado del doblez justo delante de ti: es esta misma explanada, con esta… La Llanura Plegada. Hacia el este la llanura no termina: se dobla. La Llanura Plegada. Una bandada de horizontes pasa volando sobre esta parte de la llanura: líneas finas y luminosas que se ondulan como un estornino gigante, se separan, se juntan… La Avenida del Sustantivo. Una avenida ancha pavimentada con sustantivos: «piedra», «piedra», «piedra», y de vez en cuando un «charco» que moja de verdad. La Llanura Plegada. Una piedra gris del tamaño de un perro descansa en la hierba. La Avenida del Sustantivo. La avenida sigue hacia el norte entre farolas que son la palabra «farola» y que alumbran exactamente lo que dicen. La calle del Adjetivo. En esta calle nada es solo lo que es: todo es muy. La calle del Antónimo. Aquí las cosas son lo contrario de lo que dicen. La Avenida del Sustantivo. Los sustantivos de la avenida se van haciendo más grandes y más importantes a medida que te acercas a la plaza: «catedral», «monumento», «destino». El barrio de los Sinónimos. Una calle estrecha con una fuente, un banco de piedra y un perro dormido. El callejón de las Erratas. Un callejón húmedo y mal iluminado donde las palabras se tuercen. La calle del Adjetivo. Al fondo de la calle los adjetivos se acumulan en montones, como hojas en otoño: «precioso», «terrible», «inefable». La calle del Antónimo. La calle termina en una plazuela donde el silencio hace muchísimo ruido. La plaza del Árbol del Trueque. Una plaza redonda, empedrada con palabras viejas que ya nadie usa, rodea un árbol enorme de corteza gris y hojas de papel. El barrio de las Mayúsculas. Aquí todo empieza con mayúscula. Al pie de la Torre de las Palabras Sueltas. Una torre altísima y estrecha, hecha de palabras sueltas apiladas unas sobre otras sin argamasa, se alza junto a la avenida: «quizá», «nunca», «todavía»,… El barrio de los Sinónimos. Una vía angosta con un manantial, un asiento de roca y un can adormilado. El callejón de las Erratas. El callejón se ensancha en un patio lleno de letras sueltas: una «ñ» sin tilde llora en un rincón, dos comas se pelean por el mismo sitio y una «h» muda… La plaza del Silencio. Una plaza cuadrada donde el silencio es un sustantivo y ocupa sitio: está amontonado en las esquinas como nieve sucia y hay que apartarlo para pasar. La fuente de la Puntuación. Una fuente de piedra en mitad de la calle no echa agua: echa signos de puntuación. La Imprenta del Mundo. Una nave larga y ruidosa llena de cajas de tipos de plomo y rodillos entintados. El barrio de las Mayúsculas. Una plaza pequeña presidida por una estatua de la letra «A» mayúscula, con corona y capa. El barrio de los Sinónimos. Un pasaje ceñido con un surtidor, una bancada pétrea y un chucho amodorrado. La calle de los Verbos. En esta calle todo hace algo. La entrada del mercado de los Recuerdos. Un arco de hierro forjado con la palabra «mercado» da paso a una explanada cubierta de toldos de colores. El cementerio de las Palabras Muertas. Un cementerio pequeño y bien cuidado, de lápidas estrechas con palabras que ya nadie dice: «vuesa merced», «aína», «otrosí», «facer». La prensa mayor. En el fondo de la imprenta trabaja la prensa mayor, una máquina de hierro del tamaño de una casa que golpea el papel con un estruendo de trueno. La calle de los Verbos. Los verbos de esta parte están conjugados en futuro y todavía no han hecho nada: una fuente «manará», un árbol «florecerá», un tejado «se hundirá» cualquier… El vestíbulo de la Biblioteca. Un vestíbulo de mármol y madera, alto y silencioso, con un mostrador de préstamos tras el que no hay nadie. Los puestos de los Recuerdos. Los puestos se apiñan bajo los toldos. El osario de los Neologismos. Al fondo del cementerio hay un osario donde se amontonan las palabras que nacieron y murieron el mismo día: modas, jergas, inventos de una sola temporada. La aduana de los Nombres. Una garita de madera con una barrera pintada a rayas cierra la salida norte de la ciudad. El vestíbulo del Teatro de los Diálogos. Un vestíbulo de terciopelo rojo y espejos dorados donde los personajes que no encontraron obra esperan sentados en bancos corridos, con su papel enrollado en… La sala de lectura. Largas mesas con lámparas de pantalla verde bajo estanterías que se pierden en lo alto. La tienda del mercader de recuerdos. Una tienda estrecha y profunda, con estanterías hasta el techo cargadas de frascos de cristal en los que flota una luz distinta en cada uno. El puerto de las Comillas. Un muelle de madera sobre un canal de tinta negra. La salida hacia lo que pesa. La ciudad se acaba en un descampado donde las palabras se van despegando del suelo y quedan simples piedras. El barrio de los Nombres Prestados. Aquí nadie se llama como se llama. El pasillo de las Notas al Pie. Un pasillo estrecho y bajo, de techo tan bajo que hay que agacharse, por el que corretean notas al pie con sus numeritos colgando. El archivo de lo no escrito. Un sótano de estanterías interminables cargadas de libros en blanco. El final del muelle de las Comillas. El muelle termina en un faro pequeño cuya luz es un punto final que gira. El borde del Envés. Pasada la ciudad, las palabras se despegan del suelo y quedan piedras, y las piedras, unos pasos más allá, empiezan a dudar. La casa de empeños de Nombres. Una tienda oscura con un mostrador enrejado y estanterías de cajitas de madera, cada una con un nombre dentro. Ante el muro de la palabra. El pasillo muere en un muro liso de piedra blanca, sin puertas ni rendijas. Donde la hierba cuelga. La hierba crece aquí en las dos direcciones: hacia arriba desde la tierra y hacia abajo desde un techo de tierra que flota a la altura de los tejados, con sus… Un campo de piedras que flotan. Cientos de piedras, desde guijarros hasta rocas del tamaño de un carro, flotan inmóviles en el aire a distintas alturas, como si alguien hubiera detenido un… La cascada que sube. Un río ancho llega desde el oeste, se encuentra con un acantilado y, en lugar de despeñarse, trepa por él: el agua sube por la roca en una cascada blanca y… La linde del Bosque Colgado. Por encima de tu cabeza empieza un bosque. La sala de los Índices. Una sala circular con archivadores de madera llenos de fichas. El escenario del Teatro de los Diálogos. Un escenario de tablas gastadas iluminado por candilejas que no se apagan nunca. Dentro del retrato. Uno de los retratos sin nadie de la casa tenía un camino pintado al fondo, y lo has tomado. El jardín a medio pintar. Un jardín con su fuente, sus rosales y su banco, pero solo la mitad está terminada: la otra mitad es un boceto a lápiz sobre lienzo en blanco, con indicaciones… El estudio del pintor. Al fondo del cuadro hay un estudio con caballetes, botes de pigmento y lienzos apoyados contra la pared.
1 planta por encima Plano de La Frontera del Kaos, 1 planta por encima: 7 salas. La torre de vigía. Una escalera de caracol desemboca en una sala redonda con troneras que miran hacia el norte. El adarve norte. El camino de ronda corre sobre la muralla norte del fortín. Una escalera de mano apoyada en el aire. Subes por la escalera de mano, peldaño a peldaño, y la llanura se va quedando abajo hasta parecer un mapa: un mapa doblado, con las esquinas gastadas y alguien… Dentro de la Torre de las Palabras Sueltas. Subes por una escalera de «escalones» que crujen al pisarlos. Entre las copas del Bosque Colgado. Te encaramas a las ramas más bajas y quedas en mitad de las copas, que aquí son lo de abajo. Entre las copas del Bosque Colgado. Las ramas se espesan hacia el este y forman una plataforma natural de madera trenzada donde algún animal ha hecho su nido. Entre las copas del Bosque Colgado. Al oeste las copas se abren en un claro sin hojas desde el que se ve todo el Envés: el borde, la cascada que sube, la ciudad de las palabras al sur, y arriba…
2 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 2 plantas por encima: 5 salas. El taller del Cartógrafo Desatado. En lo alto de la escalera, sobre las nubes, hay un taller de madera clavado al cielo. La cima de la Torre de las Palabras Sueltas. Arriba del todo solo queda una palabra, la más ligera, la que lo sostiene todo: «ahora». La enramada de los troncos. Más arriba las copas quedan atrás y estás entre troncos gruesos que suben, rectos como columnas, hacia el suelo del cielo. La enramada de los troncos. Un árbol enorme, hueco, sube por el este como una chimenea de madera. La enramada de los troncos. Los troncos del oeste están cubiertos de musgo que crece hacia el cielo, verde oscuro y mullido, y de él cuelgan, hacia arriba, setas de sombrero rojo.
3 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 3 plantas por encima: 12 salas. El suelo del cielo. Llegas a donde nacen los árboles: una tierra negra y húmeda que flota en el cielo, con las raíces hundidas en ella y los troncos colgando hacia abajo. El camino de raíces. Un camino de raíces entrelazadas cruza el suelo del cielo hacia el norte, donde la tierra se estrecha y se convierte en una roca flotante enorme. El suelo del cielo. La tierra del cielo es fértil: crecen hongos del tamaño de mesas, helechos que se enroscan hacia la llanura lejana y flores que se abren al anochecer, cuando… El suelo del cielo. Un borde de la tierra del cielo, donde el suelo se acaba en un acantilado que cae hacia arriba: más allá ya no hay nada que pisar, solo el aire azul y, muy… La entrada a la Aldea del Techo. El camino de raíces se hace calle y la calle se pega a la cara de abajo de la roca flotante. La plaza boca abajo. Una plaza empedrada en el techo del mundo, con una fuente cuyo chorro cae hacia arriba, es decir, hacia el cielo de abajo, y se pierde en el aire. El final de la calle mayor. La calle mayor de la aldea termina al norte en un mirador asomado al vacío. La calle de las Cuerdas. Una calle estrecha donde los vecinos van atados con cuerdas a argollas clavadas en la piedra, por si acaso. La herrería del Techo. Una herrería pequeña y humeante colgada de la roca, con la fragua en el techo y el yunque atornillado al suelo, que aquí es lo mismo. La orilla vertical. El mar está de pie delante de ti. La casa de la alcaldesa. Una casa amplia con los muebles atornillados al suelo y los cuadros clavados con doble clavo. El pozo hacia arriba. Un pozo de brocal de piedra abierto en el techo de la aldea, por el que no se saca agua: se mete.
4 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 4 plantas por encima: 1 sala. Dentro del mar vertical. Te sumerges en la pared de agua y nadas hacia arriba.
5 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 5 plantas por encima: 3 salas. Dentro del mar vertical. La corriente sube contigo y te empuja hacia la luz. El arrecife de nubes. Un arrecife blanco y esponjoso crece de lado en la pared del mar. La bodega del pecio. Una bodega oscura, de madera hinchada, donde el agua no entra: se queda en la puerta mirando, como un perro que no tiene permiso.
6 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 6 plantas por encima: 2 salas. Dentro del mar vertical. Más arriba la luz se vuelve dorada. El pecio colgado. El casco del barco hundido hacia arriba está encajado en el agua de costado, con la cubierta mirando hacia la llanura.
7 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 7 plantas por encima: 2 salas. Dentro del mar vertical. El agua es aquí casi transparente y se ve, muy por encima, la superficie rizada y el cielo al otro lado. El día en que se tragó el ancla. El sueño se vuelve pesadilla: la Ballena, ya adulta, se traga algo pesado que cae del cielo, un ancla de hierro, y el mar entero se pone de pie con un…
8 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 8 plantas por encima: 3 salas. Bajo la superficie del mar vertical. La superficie está ya a un brazo de distancia, un espejo móvil por el que se ve el cielo, que no está arriba sino detrás, del otro lado del agua. La gruta de la marea alta. Una gruta abierta en la pared del mar vertical, oscura y profunda, que respira: el agua entra y sale de ella con un ritmo lento, como los pulmones de algo… El mar de cuando era pequeña. En el sueño, la Ballena es pequeña y el mar es de verdad: horizontal, salado y bajo un cielo que está arriba.
9 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 9 plantas por encima: 31 salas. La superficie del mar vertical. Sales del agua por la cara de arriba del mar y te encuentras de pie sobre una explanada de nubes duras, con el cielo debajo. El cielo de abajo. Caminas sobre nubes duras, blancas y frías, con el cielo bajo los pies. El cielo de abajo. Las nubes se amontonan en colinas suaves por las que pastan rebaños de nubecillas lanudas, vigiladas por un pastor con un cayado de niebla. El desgarrón. Al este las nubes se rompen en un desgarrón largo y negro, como si alguien hubiera rajado el cielo con un cuchillo. El aire espeso. El aire se vuelve tan denso que se puede apoyar la mano en él, y más adelante se puede trepar. El otro lado del desgarrón. Cruzas la raja del cielo y el mundo se da la vuelta como un guante. Un camino de huellas propias. Un sendero de algo que no es tierra ni nube avanza hacia el norte, y en él hay huellas: las tuyas. El camino de huellas propias. Las huellas siguen hacia el norte y se vuelven más torpes: tropiezan, se caen y se levantan. El mirador del Kaos. Un saliente de nada sólida se asoma a un abismo en el que flotan, en desorden, pedazos de todo lo que has visto en la Frontera: la casa a medio recordar, una… La puerta de los espejos. El sendero termina ante un arco enorme de marco dorado, como el de un espejo de salón, pero sin cristal. Dentro del sueño de la Ballena. Te dejas caer por una grieta del lomo de la Ballena y no llegas a su interior, sino a su sueño: un océano tibio y oscuro en el que nada pesa lo que pesa, sino… La Galería de los Espejos. Una galería de suelo ajedrezado y paredes forradas de espejos con marco dorado. La Galería de los Espejos. Los espejos de esta parte no te reflejan a ti, sino a quien tienes al lado, y a quien no tienes al lado los reflejan contigo, como si siempre hubierais ido… La Galería de los Espejos. En los espejos de esta parte ves vidas que no viviste: tú, de tendero en Darkhaven, gordo y feliz; tú, de viejo, junto a una chimenea; tú, muerto en una cuneta… La Galería de los Espejos. Los espejos de esta parte están colgados al revés, con el marco hacia la pared y el cristal hacia dentro. El centro de la Galería. En el centro de la galería, los espejos se enfrentan y crean un pasillo infinito de reflejos que se pierde en las dos direcciones. La Galería de los Espejos. Un espejo de cuerpo entero preside este tramo de la galería. La Galería de los Espejos. Aquí los espejos están empañados, como si alguien hubiera respirado muy cerca desde el otro lado. El final de la Galería. Los espejos se acaban y la galería desemboca en un pasillo de paredes blandas, cálidas al tacto, que se contraen despacio como las paredes de una garganta. La Galería de los Espejos. La galería termina aquí, en un rincón donde los espejos están cubiertos con sábanas, como en una casa en la que ha muerto alguien. El Laberinto del Yo. Una habitación hecha de cosas que conoces: la mesa es la de la casa donde creciste, la ventana es la de la primera posada donde dormiste solo, y la alfombra es… El cruce de los recuerdos. Un distribuidor redondo con cuatro puertas de madera, cada una de una casa distinta de tu vida. Una habitación que conoces. Este cuarto cambia cada vez que lo miras, como cambian los recuerdos cuando se vuelven a contar: a veces es más grande, a veces más pequeño, a veces hay… La despensa de los miedos. Una despensa oscura con estantes cargados de frascos etiquetados con letra infantil: «La oscuridad», «El agua profunda», «Que no vuelvan», «Ser olvidado». La escalera hacia el pulso. Una escalera de caracol estrecha sube desde el laberinto hacia un sonido sordo y rítmico que hace temblar los peldaños. Una puerta que conoces. Este cuarto es una puerta: la puerta que nunca abriste, la que dejaste atrás, la que te dio miedo. El desván de lo que olvidaste. Un desván de vigas bajas lleno de baúles, juguetes rotos y cajas de cartón con nombres escritos a lápiz. La Galería de los Espejos. Uno de los espejos está roto, y por el hueco del cristal falta una versión: el marco está vacío y en el suelo hay huellas que salen de él y se pierden por la… El revés del espejo roto. Entras por el marco vacío del espejo roto de la galería y pasas al otro lado: el revés de los espejos, un pasillo estrecho y mal iluminado por el que caminan… El camerino de los reflejos. Una sala con tocadores y perchas donde los reflejos se cambian de ropa y de cara antes de salir a imitar a alguien. La guarida del que salió. Al fondo del revés de los espejos hay un rincón donde alguien vive: un jergón, restos de comida y un trozo de espejo colgado en la pared en el que no se ve…
10 plantas por encima Plano de La Frontera del Kaos, 10 plantas por encima: 11 salas. El camino de las nubes altas. Un sendero de nubes compactas sube entre jirones de niebla hacia una masa oscura que flota más arriba. Las costillas del cielo. Unas costillas enormes, blancas y curvas, se alzan de las nubes como las columnas de una nave de iglesia. El lomo de la Ballena. Llegas a lo alto y lo alto se mueve: estás de pie sobre el lomo de una ballena tan grande como una aldea, que nada despacio por el aire con las aletas abiertas… La Sala de las Versiones. Una sala circular con tres alcobas abiertas a los lados y una puerta al norte. La alcoba del eco de la Ballena. La alcoba más grande es un acuario sin agua donde nada, en el aire, una ballena del tamaño de un caballo: el eco de la Ballena que nada en el Envés, más… La alcoba del eco del Cartógrafo. Una alcoba forrada de mapas en blanco. La alcoba del eco del Bibliotecario. Una alcoba con un atril y un libro abierto en el que las letras aparecen y desaparecen como peces que suben a la superficie. El pulso. Una cámara de paredes rojas y húmedas que se contraen y se expanden con un latido lento y enorme. La antecámara de la Verdad. Una sala sobria, casi vacía, con un banco de madera y una mesa con una jarra. El Espejo Mayor. Una sala enorme cuyo único mueble es un espejo del tamaño de una muralla. Más allá del Espejo. Detrás del espejo no hay nada más que un pasillo corto y una trampilla abierta en el suelo.
1 planta por debajo Plano de La Frontera del Kaos, 1 planta por debajo: 17 salas. La bodega del fortín. Bajo la cantina hay una bodega de piedra con barricas alineadas y estanterías de botellas polvorientas. La sala de las nueve jarras. Una sala pequeña y abovedada con un estante en el que hay nueve jarras de barro selladas con cera, numeradas. El rincón de las cuentas. En el rincón más hondo de la bodega hay una pizarra llena de cuentas hechas con tiza: sumas de anclas, restas de anclas, cálculos de cuántas hacen falta para… El fondo del pozo que responde. Caes por el pozo y no te mojas: llegas al fondo un día más tarde. Las galerías de mañana. Una galería inundada sale del fondo del pozo hacia un sitio donde todo es ligeramente posterior: las gotas caen un poco después de soltarse, el eco contesta… El remanso de las respuestas. Un remanso de agua quieta en una cueva redonda. El sótano de la casa que está en todas partes. Un sótano de piedra húmeda con estanterías de conservas, ristras de ajos y barriles. Dentro del reloj de sol. Bajas por una rendija junto al gnomon y te encuentras dentro del reloj de sol, que por dentro no es de piedra sino una maquinaria de bronce enorme, llena de… Una plaza de pueblo por la mañana. Bajas por un agujero del campamento y sales a la plaza de un pueblo pequeño a primera hora de la mañana. La casa del vecino que lo sabe. Una casa modesta con las paredes cubiertas de rayas de carbón: miles y miles de rayas, en grupos de cinco, cubriendo cada palmo de pared, techo y suelo. La panadería que acaba de abrir. Una panadería que huele a pan recién hecho. Dentro de un libro sin escribir. Abres un libro en blanco del archivo y caes dentro. Una sala que se está escribiendo. Esta sala se escribe mientras la miras: frases que aparecen solas en las paredes y la van amueblando, se tachan, se corrigen y vuelven a aparecer. El final que nadie escribió. La última página del libro. Bajo el escenario. Bajas por la trampilla del escenario y llegas al foso del teatro, un sótano lleno de maquinaria escénica: poleas, contrapesos, telones enrollados y una luna de… El almacén de decorados. Un almacén enorme donde se guardan los decorados de todas las obras que se representaron en el Teatro de los Diálogos: un bosque plegable, un palacio de tela… La concha del apuntador. Un hueco estrecho bajo el borde del escenario, con una ventanita que da a las candilejas.
2 plantas por debajo Plano de La Frontera del Kaos, 2 plantas por debajo: 3 salas. Dentro del tarro «No abrir». Bajas por la boca del tarro y la tapa se cierra sobre tu cabeza con un clic de cristal. La sala de los engranajes. Un pozo de engranajes desciende en espiral. Bajo la etiqueta. Detrás de la etiqueta pegada al cristal hay un hueco donde el vidrio forma una burbuja.
3 plantas por debajo Plano de La Frontera del Kaos, 3 plantas por debajo: 2 salas. El fondo del tarro. En el fondo del tarro se ha posado lo que había dentro: un sedimento oscuro y espeso que se mueve cuando no lo miras. El taller del relojero que llega tarde. En lo más hondo del reloj hay un taller diminuto con una mesa cubierta de piezas sueltas, lupas y destornilladores.