El mundo
La Mina sin Sol
En el mundo de donde viene esta mina no salía el sol, y sus mineros cavaban hacia abajo para encontrarlo. Al fundirse con Crisol siguieron cavando bajo el salar de las piedras negras: cuatro plantas de galerías, pozos inundados y candiles apagados.
Los predicadores juran que cada palada acerca el Sol, y en el fondo lo hay: un lago de colada viva que respira, el metal del Crisol que todavía no se ha enfriado. Tesa, la lampista, limpia lámparas que no se pueden encender, y quiere encender la primera de la mina.
Niveles 42 a 50, 98 salas. Se entra desde El salar de las piedras negras, a 15 casillas al suroeste de Darkhaven. Para ir desde el juego: viajar La Mina sin Sol.
Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.
interior la entrada puerta con llave arriba o abajo sale de la zona lleva a una sala que no cabe en el plano
El plano
La planta de la entrada Plano de La Mina sin Sol, la planta de la entrada: 26 salas. La boca de la mina. La boca de la mina es un pozo ancho abierto en la roca gris, y por él cae, desde arriba, la última luz natural que verás en mucho tiempo. La galería de la entrada. Una galería ancha y fría se adentra en la roca, con dos raíles de vagoneta que corren por el suelo hacia el norte. El pozo de la jaula. Una jaula de hierro cuelga sobre un pozo profundo, sujeta por cadenas que suben hasta una polea; por arriba se filtra un resto de luz gris que llega desde la… El recodo de las vagonetas. Tu luz descubre un recodo donde las vías tuercen hacia el este y varias vagonetas yacen volcadas, con las ruedas al aire y el mineral desparramado. La galería de los candiles apagados. Las paredes de esta galería están horadadas de hornacinas, y en cada una descansa un candil de barro apagado, frío, con la mecha negra. El cruce de los raíles. Cuatro galerías se encuentran aquí y los raíles se cruzan sobre una plancha de hierro gastada, junto a una aguja de cambio oxidada. El cruce de las entibaciones. Este cruce huele a madera recién cortada: las entibaciones son nuevas, postes y vigas todavía claros, con la resina brillando a tu luz. El rellano de las herramientas. En este rellano las herramientas cuelgan de clavos en la pared con un orden minucioso: picos, mazas, barrenas y palas, cada una sobre su silueta pintada con… La galería de la pirita. Las paredes de esta galería están cuajadas de pirita, y a la luz que llevas se encienden en mil chispas doradas que parecen oro y no lo son. El cuarto del capataz de turno. Es un cuartucho excavado a pico, apenas más ancho que el catre de tablas que lo llena, con una manta raída doblada a los pies. La rampa de las vagonetas. Las vías se inclinan en una rampa empinada que desciende hacia el este, y tienes que afirmar los pies en los durmientes para no resbalar. La galería estrecha. La galería se estrecha tanto que tienes que pasar de lado, con la espalda rozando una pared y el pecho la otra, y tu lámpara apenas cabe delante de la cara. La galería de los nombres tiznados. Toda la pared de esta galería está cubierta de nombres escritos con hollín de candil, en letras torpes y apretadas, y bajo cada nombre hay una raya que apunta… El fondo de saco de la pirita. La galería muere aquí contra un frente de pirita intacto, una pared entera que nadie ha tocado y que devuelve tu luz como un espejo roto: ves tu propia lámpara… El torno del pozo viejo. Un torno de madera ennegrecida se alza sobre la boca de un pozo cuadrado, y de su tambor baja una maroma hacia una negrura que tu luz no alcanza. El paso de los martillos. Este paso apesta ya a guarida de bestia. El codo del norte. Este codo de la galería es una madriguera: un topo ciego enorme ha ensanchado la roca a zarpazos y ha llenado el suelo de tierra blanda, pelo y desperdicios. La galería de las lámparas rotas. El suelo de esta galería cruje bajo tus pies: está sembrado de lámparas rotas, vidrios y armazones de latón aplastados a pisotones, como si alguien hubiera… La sala de la báscula. Una báscula grande de hierro ocupa el centro de esta sala, con una plataforma para las vagonetas y un brazo de pesas. La veta de cobre. Una veta de cobre verde atraviesa la roca gris en diagonal, como una costra de óxido, y un minero la ataca con golpes cortos y pacientes, tan pálido que a tu… El almacén de pólvora. Barriles de pólvora se apilan contra las paredes de este almacén, pero el agua que rezuma de la roca los ha empapado y la pólvora se ha vuelto una pasta negra… El cruce del oeste. Cuatro galerías se juntan en este cruce bajo una bóveda baja, y tu luz no llega a todas sus bocas a la vez. La galería de las carretillas. Una fila de carretillas de madera espera junto a la pared, alineadas de mayor a menor, con las ruedas calzadas con piedras. La galería de los ecos. Todo se oye dos veces en esta galería: tus pasos, tu respiración, el roce de tu ropa. El vertedero de escombro. Este vertedero es el cubil de un topo ciego enorme: el escombro de toda la planta se amontona en lomas grises hasta el techo, surcadas de túneles recién… El frente de arranque abandonado. Aquí termina la galería en un frente de arranque abandonado a medio golpe, con los barrenos aún clavados en la roca estéril.
1 planta por debajo Plano de La Mina sin Sol, 1 planta por debajo: 37 salas. El fondo de la jaula. Aquí abajo se detiene la jaula del pozo, entre dos vigas engrasadas y una campana de mano para avisar a los de arriba. La calle de los barracones. Una calle estrecha corre entre las fachadas de los barracones, tabiques de tablas y adobe levantados contra la roca. La plaza del poblado. Una plaza ancha excavada en la roca, con el techo apuntalado por troncos negros: aquí se reúne el poblado cuando acaba el turno. La lampistería. La lampistería es un cuarto pequeño y caldeado, el primer sitio de la mina donde se respira sin prisa. La capilla del Sol de Abajo. La capilla es una cueva redonda excavada a pico, con bancos de piedra vueltos hacia un altar bajo. El comedor de la cuadrilla. El comedor es una galería larga con mesas de tablón y bancos pulidos por los codos de muchas cuadrillas. Los barracones. Los barracones son un dormitorio corrido excavado en la roca, con literas de tres pisos encajadas en nichos de la pared. El paso al poblado. Este pasillo sube un poco y, según avanzas, se va secando: el agua queda atrás y el suelo vuelve a ser polvo y piedra. El cruce de los exvotos. Cuatro galerías se juntan en este cruce, y tu lámpara apenas alcanza la boca de cada una. El brocal del pozo hondo. Un brocal de piedra rodea la boca de un pozo que baja hacia el calor, y el aire que sube por él te seca los labios: aquí ya se suda. La cocina de carbón. La cocina es el sitio más caliente del poblado: un fogón de carbón ocupa la pared del fondo y su boca roja alumbra más que cualquier candil. El barracón del fondo. En este dormitorio pequeño duermen los niños de la mina, en jergones tirados en el suelo, uno junto a otro para darse calor. La galería de las filtraciones. El agua entra en esta galería por todas partes: mana de las grietas, corre en hilos por el techo y forma cortinas finas que tu lámpara vuelve de plata. El fondo del pozo viejo. Estás en el fondo del pozo del torno, sobre tablones podridos que rezuman agua negra a cada paso. La galería del derrumbe. La galería está medio cegada: el techo se ha venido abajo a trozos y tienes que avanzar de lado entre bloques caídos. La galería de los exvotos. Tu lámpara descubre una galería con las paredes cubiertas de exvotos colgados de clavos: picos en miniatura, candiles diminutos, pies y manos de cobre. La galería del primer pozo. Esta galería es antigua, la primera que se abrió en la mina, y se nota: es baja, estrecha, picada a mano sin regla ni plomada. La oficina de la mina. La oficina de la mina es un cuarto seco con una mesa inclinada, un taburete alto y un candil de pantalla verde. El cruce inundado. En este cruce el agua te llega a la rodilla y frena cada paso. El depósito de agua. Un depósito excavado en la roca guarda agua quieta, tan negra y lisa que tu lámpara se ve dos veces: en tu mano y en el fondo. La sala de bombas. Una sala baja acoge las bombas de mano que vacían los pozos, y una de ellas sigue en marcha: su palanca sube y baja con un chirrido que no cesa, y el agua cae… La galería del agua. El agua te llega al tobillo en esta galería, fría por encima y tibia en el fondo, y cada paso levanta un chapoteo que la roca repite. El derrumbe. Un derrumbe tapa la galería de suelo a techo: piedras grandes como barriles, tierra suelta y una viga partida en dos. El nicho de las ofrendas. Un nicho bajo se abre en la roca, y tienes que agacharte para que tu lámpara entre en él. Las entibaciones viejas. Las paredes y el techo están apuntalados con entibaciones de madera negra, tan viejas que parecen de piedra, y crujen cuando pasas, una tras otra, como si se… El canal. Un canal de agua negra corre junto a un bordillo de piedra, y en el agua algo se mueve: cuerpos largos y lisos que rozan la orilla y se hunden en cuanto los… La galería de los charcos. Los charcos ocupan todo el suelo de esta galería, unos someros y otros que no sabes, y tu lámpara no distingue cuáles. El codo de las goteras. La galería hace un codo cerrado y del techo cae agua tibia, gota a gota, en una docena de sitios. El sifón. El agua se mete aquí por un sifón, una boca medio sumergida en la pared, y gorgotea al tragar aire con un ruido de garganta que llena la galería. El charco grande. Un charco grande y hondo ocupa casi toda la sala, y en él vive algo que no tolera visitas: una sombra larga cruza el agua bajo tu lámpara y la superficie se… La galería de los picos gastados. En esta galería hay picos clavados en la pared, uno junto a otro, como en un perchero. La galería anegada. El agua te llega a la cintura en esta galería anegada, y en ella hay algo más que agua: una cosa larga y fría te roza las piernas y se aleja. El paso de los mineros muertos. El paso está flanqueado por hornacinas talladas en la roca, y en cada una hay un minero muerto enterrado de pie, envuelto en lienzo, con la cabeza inclinada… El pozo negro. Un pozo de agua negra se abre a tus pies, sin fondo que tu lámpara alcance. La galería sin raíles. Esta galería es tan vieja que no tiene raíles: el mineral se sacaba a la espalda, en cestos. La antesala del primer pozo. Esta antesala da al primer pozo de la mina, y aquí no se entra con descuido: al sur se oyen pasos lentos y pesados, de alguien que hace la ronda y no piensa… El primer pozo. Este es el primer pozo, donde empezó la mina, y su guardián no consiente que nadie se acerque a lo que custodia.
2 plantas por debajo Plano de La Mina sin Sol, 2 plantas por debajo: 24 salas. El fondo del pozo hondo. El pozo hondo acaba en un suelo de roca que quema a través de las suelas, y en la pared alguien ha rascado un aviso: «Aquí muerden las salamandras y la escoria… La galería de los sudores. Nada más entrar en esta galería empiezas a sudar: el aire es húmedo, espeso, y se te pega a la piel como un trapo mojado. La caverna caliente, junto a la entrada. Entras por la esquina suroeste de una caverna inmensa, tan alta que el techo se pierde en un rojo turbio: la roca misma alumbra. La galería de la escoria. Una galería baja cruje bajo tus pies, con el suelo cubierto de escoria que nadie barre, y entre los montones hay uno que se mueve: un gólem de escoria ronda… La galería de la lava fría. La galería corre sobre una lava vieja, enfriada hace tanto que es negra y dura, pero aún guarda calor bajo la costra, y por las grietas asoma un brillo rojo. La caverna caliente, bajo las estalactitas negras. En el lado oeste de la caverna cuelgan del techo estalactitas negras, largas como lanzas, que de vez en cuando sueltan una gota de piedra caliente. La galería de los fundidos. Por esta galería rondan los fundidos, mineros a los que el calor ha ablandado como cera y que ya no reconocen a nadie: los oyes arrastrarse antes de verlos. La caverna caliente, junto a la grieta roja. Una grieta abierta en el suelo cruza el lado sur de la caverna y brilla en rojo vivo, como una herida que no cierra; su calor te seca los ojos. La rampa de la colada. Una rampa ancha baja hacia el fondo, y de abajo sube un calor que no se parece a nada: allí la roca sigue fundida y por ella andan los fundidos. El codo humeante. La galería tuerce en un codo cerrado donde se estanca un humo gris que pica en la garganta y tapa el suelo hasta las rodillas. La caverna caliente, rincón de los huesos. En el rincón noroeste de la caverna se amontonan huesos de mineros, calcinados hasta quedar blancos y ligeros como la tiza. El centro de la caverna caliente. En el centro de la caverna el aire tiembla de calor y todo lo que miras parece moverse, como visto a través del agua. La galería de las costras. Costras de mineral cocido forran esta galería, abombadas como pan quemado, y crujen bajo tus botas; entre ellas se mueve un gólem de escoria que no deja pasar… La caverna caliente, rincón de la escoria. El rincón sureste de la caverna está ocupado por montones de escoria, grises y porosos, más altos que un hombre, y uno de ellos no está quieto: cruje, se… El balcón sobre el fuego. Un saliente de roca se asoma sobre un abismo, y desde el fondo sube un resplandor rojo que lo alumbra todo de abajo arriba y llena el aire de chispas. La galería de los cristales. De las paredes de esta galería brotan cristales largos y transparentes que crecen con el calor: si te quedas quieto, los oyes crujir al alargarse. La caverna caliente, junto al lago de vapor. En el lado norte de la caverna se extiende un lago de agua hirviendo que borbotea sin parar y suelta un vapor espeso; la ropa se te pega al cuerpo en un… La caverna caliente, bajo la chimenea. En el lado este de la caverna se abre en el techo una chimenea natural que tira del aire caliente hacia arriba con un rugido sordo; notas el tirón en el pelo y… El fondo de las costras. La galería acaba en un fondo ciego donde las costras se cierran en una pared abombada y caliente, que rezuma un rojo apagado por las rendijas. La geoda. Entras en una geoda gigante, un hueco redondo en la roca forrado por dentro de cristal. La caverna caliente, rincón del eco. En el rincón noreste de la caverna la roca se curva en una bóveda que devuelve cada sonido varias veces: tus pasos te siguen un momento después de pararte. La galería del azufre. El olor a azufre te golpea antes de verlo: costras amarillas cubren las paredes de esta galería y el aire escuece en los ojos. El respiradero. En esta galería el aire ardiente pasa a bocanadas por un respiradero abierto en el techo, como el aliento de algo dormido. El fondo del respiradero. El pasaje muere aquí, al pie del respiradero, en un hueco estrecho donde el aire ardiente sale de las grietas del suelo con un silbido y una luz roja.
3 plantas por debajo Plano de La Mina sin Sol, 3 plantas por debajo: 11 salas. El pie de la rampa. Al pie de la rampa el calor es terrible: respirar duele y el sudor se seca antes de caer. La última capilla. Una capilla, la más honda de la mina, excavada a pocos pasos de la roca fundida y alumbrada por ella. La galería de la colada. Por el centro de esta galería corre un hilo de colada, estrecho como un canalón, que alumbra el techo de rojo y obliga a caminar pegado a la pared. La galería del resplandor. Esta galería está iluminada en rojo desde abajo, por grietas del suelo donde se ve la colada, y tu sombra se estira hacia el techo, larga y deforme. El campamento de los últimos. Aquí acamparon los que llegaron al fondo: mantas quemadas, picos tirados, un corro de piedras sin hoguera, porque aquí el fuego sobra. El río de colada. Un río estrecho de metal fundido cruza la galería, lento y espeso, y sobre él flota escoria viva que se arrastra hasta la orilla para atacar a quien pasa. La grieta encendida. Una grieta ancha parte el suelo y por dentro corre colada viva, blanca en el centro y roja en los bordes; el calor que sube te obliga a pegarte a la pared. La orilla roja. La roca de esta orilla está roja de calor, y la escoria viva sale del metal a trozos y repta hacia ti. El fondo de la grieta. La grieta acaba aquí, en un callejón donde la colada se enfrió en una lengua negra que todavía humea; la luz llega del norte, del brillo de la grieta. La antesala del Sol. Esta antesala tiembla con el pulso de lo que hay al norte: el Sol de Abajo, una masa de colada viva que los mineros adoran. El Sol de Abajo. En el centro de esta caverna redonda arde el Sol de Abajo: un lago de colada viva, blanco en el corazón, que late, se hincha y vuelve a encogerse.