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Crisol

El mundo

El bosquecillo de Phandalwyd

El bosquecillo de Phandalwyd es la veta de un mundo de cuentos, donde todo tenía nombre y color, y se acabó cuando dejó de contarse. Lo poco que bajó a Crisol trajo los colores consigo: aquí la hierba casi brilla, las setas parecen pintadas y hasta los guijarros del arroyo son de colores, aunque fuera del bosque se vuelven grises.

Hay conejos, ciervos y duendes, y en el corro de setas bailan las hadas de noche. Al fondo, tras un arco de rosales, la Reina de las hadas recibe a los forasteros con una sonrisa amable. En el claro del velo, el mundo parece tensarse: por ahí se pasa a Thalos la Antigua. Al sur sale el camino de Miden'nir.

Niveles 5 a 15, 24 salas. Se entra desde El bosque del silencio, a 5 casillas al este de Darkhaven. Para ir desde el juego: viajar El bosquecillo de Phandalwyd.

Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.

El plano

Plano de El bosquecillo de Phandalwyd, la planta de la entrada: 24 salas.La bajada de los helechos. El sendero baja del bosque del silencio entre helechos altos y, al llegar abajo, todo cambia de color: la hierba es de un verde que casi brilla y hay flores…El prado de las amapolas. Un prado entero de amapolas, tan rojo que al principio parece que arde.La linde del sur. Aquí el bosquecillo se acaba de golpe.El seto de las zarzamoras. Un seto alto de zarzamoras cierra el paso al oeste.El paso de los ciervos. Una vereda estrecha, abierta a fuerza de pezuñas, cruza entre abedules de corteza blanca.El arroyo de los guijarros. Un arroyo poco hondo corre entre la hierba sobre guijarros rojos, verdes y azules, pulidos como cuentas.La madriguera grande. Un terraplén de tierra blanda, acribillado de agujeros redondos.El claro de las campanillas. Un claro cubierto de campanillas azules, tantas que el suelo parece un trozo de cielo caído.El cruce de los cinco senderos. Cinco senderos se juntan alrededor de un poste de abedul del que cuelgan cintas de colores, una por sendero.El corro de setas. En medio del claro, un corro perfecto de setas rojas con lunares blancos, grande como una era.El claro de los tréboles. Un claro tapizado de tréboles verdes y apretados, con florecillas blancas y rosas por encima.El sendero de las luciérnagas. Un sendero en sombra bajo avellanos y saúcos.El puente de troncos. Dos troncos cubiertos de musgo hacen de puente sobre el arroyo.El claro de las mariposas. Cientos de mariposas de todos los colores descansan en unos arbustos de flores lilas.El claro de las margaritas. Margaritas blancas con el corazón amarillo, a miles, y entre ellas alguna de pétalos rosas que no debería existir.Los avellanos. Avellanos viejos, cargados de avellanas, con las ramas tan juntas que hacen techo.La hondonada de las setas. Una hondonada húmeda donde crecen setas de todos los tamaños y colores: moradas con lunares amarillos, azules, naranjas, alguna tan grande como una mesa.El claro del velo. Aquí el aire tiembla como encima de una hoguera, aunque no hace calor.El arco de rosales. Dos rosales trepadores se juntan en un arco, cargados de rosas rojas, rosas y blancas que huelen tan fuerte que marean.El tronco hueco. Un roble enorme, muerto hace mucho y hueco por dentro.La alameda de los abedules. Una fila de abedules blancos con las hojas amarillas, como si aquí siempre fuera otoño.El cenador de la Reina. Un cenador de ramas vivas trenzadas, con el techo cubierto de glicinias moradas que cuelgan en racimos.La orilla de los juncos. Juncos altos y lirios morados bordean un agua quieta.El estanque de los nenúfares. Un estanque redondo, tan quieto que refleja el cielo entero.