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Crisol

El mundo

Los Llanos del Viento

Los Llanos del Viento vienen de un mundo de pastores donde el viento no paraba, y añoran un día de calma. Al oeste de la tundra, la estepa se extiende hasta el Cerro que No se Sube, agujas rojizas coronadas por una nube inmóvil.

Por el llano corren guanacos y ñandúes, en el bosque bajo manda un puma viejo y en el lago helado duerme algo que nadie quiere despertar. Arriba, el viento cierra el paso a quien trepa. Anselmo, el baqueano, sigue esperando noticias de Tobías, su hermano, que se fue cerro arriba.

Niveles 38 a 46, 103 salas. Se entra desde La escarcha de los renos, a 16 casillas al noroeste de Darkhaven. Para ir desde el juego: viajar Los Llanos del Viento.

Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.

El plano

La planta de la entrada

Plano de Los Llanos del Viento, la planta de la entrada: 91 salas.El fin de la tundra. La nieve dura se acaba aquí en una costra de hielo que cruje bajo las botas.Las manchas de nieve. La nieve ya no cubre el suelo: queda en manchas sucias, cada vez más pequeñas, y entre ellas asoman matas de pasto duro y amarillo, dobladas por el viento.El barro del deshielo. El hielo se derrite aquí en hilos de agua que corren entre las piedras y empapan la tierra; cada paso se hunde un poco en un barro frío y oscuro.El ventisquero largo. A un lado se alarga un ventisquero, un lomo de nieve que el viento ha ido apilando y que se estira hacia el norte.La primera estepa. Aquí se acaba la linde: al este todavía quedan manchas de nieve, pero lo demás es estepa, pasto duro y amarillo hasta donde llega la vista, bajo un cielo…El charco de hielo. Entre el ventisquero y el pasto hay un charco helado, redondo y del tamaño de una mesa, con el hielo tan liso que refleja el cielo.El cráneo de guanaco. Entre el pasto hay un cráneo de guanaco, blanco como la tiza, con los dientes todavía en la mandíbula.Los espinos con lana. Unos arbustos espinosos crecen aquí en grupo, bajos y apretados, con las ramas tan enredadas que no se ve dentro.El poste caído. Un poste de madera gris yace en el pasto, partido por la base, con un clavo grande todavía torcido en la punta.La roca de la última nieve. Una roca enorme, gris y redonda, corta el viento, y a su sombra aguanta la última nieve de la linde, un montón blanco que no se derrite nunca.Las plumas del ñandú. Un ñandú perdió aquí un puñado de plumas, grises y blandas, que el viento ha repartido entre las matas y que tiemblan como si respiraran.El llano de las madrigueras. El suelo está agujereado de madrigueras de liebre, bocas oscuras entre las matas que el viento va llenando de polvo; hay que mirar dónde pisas.El llano frente al cerro. El llano se abre aquí, liso, y el Cerro que No se Sube queda justo enfrente, al oeste, tan grande que parece más cerca de lo que está.Las primeras lomas. El suelo deja de ser llano y empieza a ondular en lomas suaves, como una sábana mal tendida.La madriguera del zorro. En la ladera de una loma hay una boca de madriguera, más grande que las de liebre, con un abanico de tierra removida delante y restos de plumas y huesecillos.El tapiz de florecillas. A ras de suelo, entre las matas, hay un tapiz de florecillas diminutas, blancas y amarillas, aplastadas contra la tierra para que el viento no se las lleve.El esqueleto de la oveja. Un esqueleto de oveja entero yace de costado, con las costillas abiertas como los dedos de una mano.El cruce de las sendas. Aquí se cruzan sendas de animales, estrechas y muy pisadas, que se abren entre las matas como los radios de una rueda.Las hojas rojas. El viento trae hasta aquí hojas pequeñas y rojas del bosque que empieza al norte, y las arrastra por el pasto como chispas.El revolcadero de guanacos. Hay un redondel de tierra pelada, sin una brizna, donde los guanacos vienen a revolcarse en el polvo.La loma pelada. Una loma baja y pelada levanta el suelo lo justo para ver lejos.El borde del bosque bajo. Al norte, ya cerca, empieza un bosque bajo de árboles retorcidos, todos tumbados hacia el mismo lado por el viento, con barbas de liquen colgando.La cerca caída. Una cerca de palos y alambre se tumbó hace años y ahora corre por el suelo, medio enterrada, de este a oeste.La mata de los guanacos. Una mata enorme de arbustos espinosos, más alta que tú y ancha como una casa, corta el viento.Los troncos peinados. Una fila de árboles tumbados hacia el este hace de muralla contra la estepa.El corral grande. Un corral de piedra seca, redondo y grande, con muros por la cintura que el viento no ha podido tumbar.El campo de piedras. El suelo está cubierto de piedras redondas, grises y rojizas, tan juntas que el pasto apenas asoma entre ellas.La linde del bosque bajo. Aquí se acaba el pasto duro y empiezan los árboles: troncos bajos y retorcidos, con las ramas del lado del viento peladas como escobas.La cuesta pedregosa. El terreno empieza a subir y el pasto se hace más ralo; entre las matas asoman piedras partidas, de bordes vivos, que no son de aquí: las bajó el hielo hace…La cama del puma. El bosque termina contra una barrera de troncos caídos y el rincón queda cerrado, en penumbra.El poste de atar. Delante del puesto hay un poste de madera bien plantado, con dos argollas de hierro y el suelo pisoteado alrededor: aquí se ataban los caballos.La senda de las ovejas. Una senda estrecha, hundida un palmo en la tierra por miles de pezuñas, cruza aquí la estepa.Bajo las barbas de liquen. Basta dar unos pasos entre los árboles para que el viento se quede fuera: lo oyes rugir en las copas, pero a tu altura el aire está quieto.La pluma negra. Encima de una piedra plana, sujeta por otra más pequeña, hay una pluma negra y larga de cóndor, como si alguien la hubiera dejado ahí a propósito.El puesto del baqueano. La choza es de piedra y chapa, baja, y dentro el viento por fin se calla: solo se oye la chapa del techo.La loma del lago. Desde lo alto de esta loma se ve, muy lejos, el brillo turquesa y turbio de un lago a medio helar.El tronco caído. Un árbol más grueso que los demás se ha venido al suelo y corta el paso a la altura del pecho.El hito de la lana roja. Al borde de la estepa, donde empiezan los bloques grises de la morrena, alguien apiló piedras en un hito de la altura de tu rodilla.La bajada al lago. Detrás del puesto la tierra baja en pendiente hacia el sur, hasta la orilla del Lago de Agua Lechosa, turquesa y turbia, con el borde helado.La portera rota. Entre dos postes gruesos cuelga una portera de tablas, rota y abierta, que golpea con el viento: un ruido seco, cada poco, que se oye desde lejos.El cruce de los hongos naranjas. Tres sendas de animal se juntan bajo un árbol viejo cubierto de hongos naranjas, redondos y duros como botones de cobre, que destacan en la penumbra.El cauce seco. Un cauce seco baja por la estepa, una zanja ancha de piedras redondas y arena gris por donde hace tiempo corría el agua del glaciar.El borde de la morrena. Aquí se acaba el pasto y empiezan las piedras: bloques grises del tamaño de un carro, tirados sin orden, como si el cerro los hubiera escupido.La orilla del pasto. La estepa llega hasta aquí y el pasto amarillo se mete en el hielo.Las cercas de los pastores. Por aquí corrían las cercas de los pastores: hileras de palos caídos, algunos todavía clavados, con el alambre colgando entre ellos como cuerdas flojas.El claro de los tocones. Los pastores cortaron leña aquí hace años: quedan tocones bajos con el corte de hacha todavía visible, ennegrecido por la lluvia.El claro pequeño. Los árboles se apartan y dejan un claro redondo donde por fin da el sol.La tira roja junto al cauce. En la orilla del cauce seco hay otro hito de piedras, más bajo, con la misma tira de lana roja atada en lo alto.El laberinto de bloques. Los bloques se amontonan tan juntos que hay que pasar de lado entre ellos, rozando la piedra fría con el pecho.La lagunita verde. Entre dos lomos de grava hay una lagunita de agua verde, quieta en el fondo y rizada en la superficie por el viento.El paso entre dos bloques. Dos bloques enormes se apoyan uno en otro y dejan debajo un paso estrecho por el que el viento entra aullando.La orilla del golpe sordo. El hielo está más firme en esta esquina, pero de vez en cuando sube de lo hondo un golpe sordo, lento, que notas en los pies antes de oírlo.El centro del lago helado. Aquí el hielo es fino, casi transparente, y cruje a cada paso con un ruido largo que se va lejos.La orilla bajo la morrena. Al oeste bajan bloques grises de la morrena hasta tocar el hielo, y detrás se levanta el Cerro que No se Sube, con su nube pegada a la cima.Las piedras apiladas del recodo. El cauce seco hace un recodo y se ensancha en una playa de arena gris.La piedra del liquen. Una piedra redonda, más alta que tú, se ha quedado varada en medio del bosque, quién sabe desde cuándo.El arroyo de hojas pardas. Un arroyo estrecho cruza el bosque.La rampa de grava suelta. La morrena se derrama en una rampa de grava que cruje bajo las botas y resbala a cada paso.La piedra de los cóndores. Un bloque más alto que los otros sobresale del pedregal como una proa, con el lomo blanco de excrementos.La cuesta de los hitos. La pedrera se empina y los hitos se juntan: uno, y a diez pasos otro, y otro más, como si quien los levantó tuviera miedo de perder el camino o de perderse él.El río de los cantos rodados. El río corre ancho y somero sobre un lecho de cantos rodados, con el agua blanca de espuma y de polvo de roca.El hielo gris de la desembocadura. Por el este entra el río de deshielo y su corriente come el hielo por debajo: aquí está gris, blando, con charcos de agua encima.El guanaco del hielo. Un guanaco se metió en el hielo y no salió: las patas traseras y el lomo asoman, congelados, y el resto se adivina debajo, en el agua turquesa.La orilla de las piedras presas. Piedras redondas del fondo han quedado presas en el hielo de la orilla, como huevos en una gelatina.La morrena junto al lago. La morrena acaba en una lengua de cantos que se mete en el agua.El fondo de la hondonada. El cauce seco se acaba en una hondonada profunda, con paredes de tierra más altas que tú.El pasillo de los arañazos. La senda se estrecha entre dos filas de troncos muy juntos.La hondonada húmeda. El suelo se hunde en una hondonada donde el agua se queda quieta en charcos oscuros.El barro de las huellas. El arroyo se encharca y deja una franja de barro negro.Las grietas de nieve vieja. Los bloques aquí están partidos por grietas hondas, y en el fondo de cada una queda nieve vieja, gris y dura como el yeso, adonde el sol no llega nunca.El abrigo del bloque grande. Detrás de un bloque grande como una casa el viento, de pronto, no llega.El arranque de la subida. Aquí la morrena choca contra el granito.Los rápidos de agua blanca. El río se estrecha entre rocas y salta en rápidos blancos que salpican hasta la orilla.La boca del río de deshielo. El río de deshielo llega ancho y blanco y se mete bajo el hielo del Lago de Agua Lechosa.La orilla de los hielos montados. El viento ha empujado placas de hielo unas encima de otras y aquí se apilan en una cresta torcida, como tejas mal puestas.El rincón de los juncos helados. El hielo de la orilla cruje con cada paso y se dobla un poco, como una tabla vieja.Los huesos entre las piedras. Entre dos bloques yace el esqueleto de un guanaco, blanco y limpio, con el cuello torcido hacia atrás.La poza de los témpanos. Una poza honda de agua verde oscura ocupa el final de una lengua de hielo sucio, el último resto del glaciar que dejó toda esta piedra.Los huesos bajo el árbol. Bajo un árbol de ramas bajas hay un montón de huesos de guanaco: costillas mordidas, un cráneo largo con los dientes al aire y patas partidas para sacarles el…El árbol del rayo. En medio del paso se alza un árbol partido en dos de la copa a la raíz.El cauce de las piedras caídas. Una franja de piedras recién partidas cruza el pedregal, con aristas vivas y sin liquen: por aquí bajan las que se desprenden del cerro.El recodo de los troncos varados. En el recodo, la corriente ha amontonado troncos y ramas que bajan del bosque: madera gris, lavada, retorcida como huesos.El vado de los pastores. Aquí el río se abre y se vuelve bajo, y los pastores colocaron piedras planas para cruzar con el rebaño.El rincón de los troncos viejos. Aquí están los árboles más viejos del bosque: troncos huecos y retorcidos, anchos como una puerta, con la corteza en tiras que cuelgan.Las primeras hojas rojas. Aquí las hojas empiezan a cambiar: primero una rama, luego un árbol entero, rojos como brasas entre el verde oscuro de los demás.El puente caído. Los pastores tendieron aquí un puente de troncos atados con cuerda.La ribera encajonada. El río se mete entre dos taludes de tierra y piedra, más altos que tú, y el viento pasa por encima sin bajar.La espesura roja. Todo el bosque se ha puesto rojo.La orilla de arena gris. El río deja una orilla de arena gris, fina como harina, donde el agua se remansa.El remanso de las piedras redondas. El agua se queda quieta en una poza ancha, medio helada, y a través del hielo limpio se ven las piedras redondas del fondo, ordenadas como si alguien las…La garganta del salto. El cauce acaba contra una pared de roca por la que cae un hilo de agua blanca, a medio helar, con carámbanos largos colgando a los lados.

1 planta por encima

Plano de Los Llanos del Viento, 1 planta por encima: 3 salas.La primera cornisa. La cornisa sube en diagonal por el granito y aquí se ensancha lo justo para estar de pie.El balcón sobre la morrena. Un saliente de roca asoma como un balcón sobre la morrena.La cornisa del liquen negro. Una cornisa estrecha cubierta de liquen negro, áspero como lija, que se aferra a la roca donde nada más crece.

2 plantas por encima

Plano de Los Llanos del Viento, 2 plantas por encima: 2 salas.La grieta del segundo tramo. La subida se mete por una grieta ancha que corta el granito en vertical, con escalones naturales de roca rota.El saliente del nido vacío. Un saliente pequeño, sembrado de huesos, plumón y cáscaras rotas: un nido de cóndor, vacío y viejo.

3 plantas por encima

Plano de Los Llanos del Viento, 3 plantas por encima: 1 sala.La chimenea helada. La grieta se estrecha en una chimenea por la que hay que trepar con la espalda contra una pared y los pies contra la otra.

4 plantas por encima

Plano de Los Llanos del Viento, 4 plantas por encima: 3 salas.La repisa de la escarcha. La chimenea sale a una repisa larga cubierta de escarcha que el viento arranca en ráfagas brillantes.La cornisa de la nube baja. Una cornisa estrecha que se mete en la nube.El saliente de la manta. Un saliente angosto, poco más que un asiento de piedra.

5 plantas por encima

Plano de Los Llanos del Viento, 5 plantas por encima: 3 salas.La última repisa. Una plataforma rota, partida por la mitad, con el borde mordido por el vacío.La cornisa bajo la nube. Una cornisa corta pegada a la pared lisa, tan metida en la nube que la luz es gris y no parece venir de ninguna parte.El espolón del abismo. Un espolón de granito sale de la plataforma rota y se asoma al vacío.