El mundo
La Costa de la Sal
Puertosal es lo que queda de un mundo de ciudades libres y compañías de aventureros que se acabó cuando ya no quedaba nada por descubrir. Llegó a la colada con su puerto, su faro y la taberna de la Jarra Rota, donde el tablón está lleno de encargos y solo el posadero sabe cuáles son de verdad.
Hay contrabandistas en las calas, ahogados en la playa de los naufragios y algo peor en lo alto del faro, que lleva años apagado. El farero espera a quien le ayude a encenderlo otra vez.
Niveles 38 a 42, 103 salas. Se entra desde El acantilado de la sal, a 12 casillas al noreste de Darkhaven. Para ir desde el juego: viajar La Costa de la Sal.
Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.
interior ciudad campo colinas agua desierto la entrada puerta con llave arriba o abajo sale de la zona lleva a una sala que no cabe en el plano
El plano
La planta de la entrada Plano de La Costa de la Sal, la planta de la entrada: 82 salas. El camino del acantilado. Un camino de tierra prensada sube por lo alto del acantilado, con el mar rompiendo abajo, al este. El cruce del mirador. El camino se cruza aquí con un sendero que corre por el borde del acantilado. La cuesta de la muralla. El camino sube entre matas de tomillo hasta una muralla encalada y llena de desconchones, con almenas que miran al mar. El balcón sobre el mar. Una repisa de roca con un pretil de piedras sueltas, colgada sobre el mar. El mirador. Un mirador con un banco de piedra frente al mar. La Puerta de la Sal. La puerta de Puertosal: un arco grueso con las hojas abiertas de par en par, como si nadie recordara la última vez que se cerraron. El cruce del acantilado. Un cruce de senderos en lo alto del acantilado. La plaza, junto a la puerta. Junto a la Puerta de la Sal la plaza es ancha y está empedrada con cantos de playa. El camino del faro. Un camino de tierra baja desde el arrabal hacia la punta del acantilado, donde se levanta el faro. El sendero del borde. El sendero corre pegado al borde del acantilado, con el vacío y el mar a un paso. La esquina del pregonero. Sobre una piedra alta, un pregonero lee cada mañana los encargos nuevos de la ciudad. El puesto del pescado. Mesas de piedra mojada cubiertas de pescado plateado y de hielo picado que gotea. El portillo del arrabal. Un portillo bajo y estrecho en la muralla, que da de la plaza al arrabal. El sendero de las gaviotas. Las gaviotas anidan en las grietas de la roca, a la altura del sendero, y le gritan a quien pasa. Los puestos de especias. Sacos abiertos de pimienta, de azafrán, de sal de siete colores. La esquina del portillo. La esquina suroeste de la plaza. El arrabal de los pescadores. Casas bajas de piedra seca pegadas por fuera a la muralla, con redes en los tejados y conchas en las ventanas. La punta del acantilado. La punta del acantilado, rodeada de mar por tres lados. La fuente de los marineros. Una fuente de bronce verde con forma de barco escorado echa agua por los cañones. Los soportales del oeste. Arcos bajos de piedra arenisca, gastados por la sal, dan sombra a una fila de puertas: un barbero, un prestamista, una cordelería. Las casas de los remendadores. Casas donde se remiendan redes y velas, con las puertas abiertas al sol. El nido de las gaviotas. Un rellano de roca cubierto de nidos, plumas y cáscaras. La puerta del faro. Al pie del faro, una puerta de roble reforzada con hierro, entornada. Los soportales del este. Los soportales del este dan a la muralla del mar, y por los huecos de las almenas se ve el horizonte. La boca de la calle de las Compañías. Aquí desemboca en la plaza la calle de las Compañías, que se va al oeste entre estandartes descoloridos. La plazuela del pozo. Una plazuela pequeña con un pozo en el centro y un banco de piedra alrededor. La esquina de los cambistas. En la esquina noreste, los cambistas tienen sus mesas con balanzas y montones de monedas de cien sitios distintos. Los soportales de los pañeros. Bajo los arcos, los pañeros tienen sus telas al fresco: lonas de vela, paños de lana, sedas que nadie compra. La calle de las Compañías. Una calle ancha y empedrada, con estandartes colgados de los balcones: un halcón, una lanza gris, un ancla rota. La calle del Cordelero. De las ventanas cuelgan madejas de cuerda puestas a secar, y en los portales se trenzan cabos para barcos que ya casi no zarpan. La casa de empeños. Un cuarto estrecho lleno hasta el techo de cosas empeñadas: espadas, laúdes, armaduras, mapas, todo lo que un aventurero vende cuando no hay encargos. La calle de los Gremios. Una calle de casas altas con escudos de gremio sobre las puertas: el de los guías, el de los guardaespaldas, el de los rastreadores. La bajada al puerto. Por aquí la plaza se abre al norte en una cuesta empinada que baja al puerto: se ven los mástiles, los tejados de la lonja y, más allá, el mar gris. La esquina de la lonja. La esquina noroeste de la plaza. El cruce de los Estandartes. Un cruce donde la calle de las Compañías se encuentra con otras dos. El cruce de la Lonja Vieja. Donde estuvo la lonja vieja, antes de que la mudaran al puerto, queda un cruce con soportales caídos. La cuesta del puerto. Una cuesta empedrada, resbaladiza de escamas, baja de la plaza al puerto. Los soportales del norte. Bajo los arcos del norte se juntan los que buscan trabajo: aventureros con armaduras remendadas, magos sin aprendiz, guías sin nadie a quien guiar. La puerta del puerto. Un arco en el muro de los almacenes, con una garita para la guardia: por aquí se pasa de la plaza al puerto sin bajar la cuesta. La taberna de la Jarra Rota. Una taberna larga y baja, oscura de humo, con mesas de barco y bancos gastados. El patio de armas. Un patio de tierra pisada con muñecos de paja acuchillados y una fila de dianas. La calle del Cartógrafo. Una calle tranquila que se va hacia el oeste, hacia la casa de los cartógrafos. La lonja. Una nave alta de piedra con el suelo mojado, donde el pescado se subasta a gritos. El almacén de la sal. Montañas de sal gris, en sacos y a granel, llenan el almacén hasta las vigas. El callejón de la taberna. Un callejón sucio detrás de la Jarra Rota, lleno de barriles vacíos y de gatos. La casa de la Lanza Gris. La sala común de la Compañía de la Lanza Gris: una mesa larga, un hogar y, en la pared, la lanza que les da nombre, con la punta rota. El callejón de los Faroles. Un callejón estrecho con faroles de aceite en las esquinas, encendidos de día y de noche: en Puertosal se le tiene miedo a la oscuridad desde que se apagó el… La capilla de las Mareas. Una capilla encalada con exvotos colgados del techo: barquitos de madera, anclas pequeñas, trenzas de pelo. El final de la calle del Cartógrafo. La calle se acaba ante una casa de piedra con una rosa de los vientos labrada sobre la puerta. El paseo del puerto. Un paseo junto al agua, con bolardos y montones de cajas. El muelle de pescadores. Un muelle de piedra con barcas amarradas de dos en dos, muchas de ellas panza arriba. La calle de los Almacenes. Una calle de almacenes con grandes puertas de madera, la mayoría cerradas con cadenas. El patio de la taberna. Un patio con un pozo seco y mesas donde se juegan a los dados los encargos que nadie cumple. La subida al adarve. Unas escaleras de piedra suben aquí al adarve de la muralla. El cruce de las Esquinas. Cuatro esquinas, cuatro caminos: al oeste se oye un yunque; al norte, una calle sube; al este, una puerta lateral da a la casa de la Lanza Gris; al sur, el… El zaguán de los cartógrafos. Un zaguán con baldosas que forman una rosa de los vientos. El amarradero de las barcas. Unas escaleras de piedra bajan al agua verde, donde se mecen barcas atadas a argollas. La plaza de las grúas. Una plaza de muelles con dos grúas de madera para subir la carga de los barcos. La punta del muelle. El muelle se acaba en un noray de hierro donde se posan las gaviotas. El astillero. Un astillero que huele a madera recién cortada y a brea caliente. El adarve del oeste. El camino de ronda, sobre la muralla, entre almenas encaladas. La calle Alta. La calle sube hacia la muralla del oeste entre casas de dos pisos con balcones de madera. La herrería de las compañías. Una herrería caliente donde se arreglan más armaduras de las que se hacen nuevas. La sala de los mapas. Mesas enormes cubiertas de mapas, sujetos con piedras en las esquinas. El pasillo de los rollos. Un pasillo con las paredes llenas de casilleros, y en cada uno un mapa enrollado y atado con una cinta. El muelle largo. Un muelle largo y estrecho que se mete en el mar, con el agua golpeando a los dos lados. La grada del astillero. Una grada de piedra baja al agua, y encima hay un barco grande a medio hacer, con las cuadernas al aire como las costillas de una ballena. La torre de la muralla. Una torre cuadrada con aspilleras y un brasero apagado. La casa de los Hijos del Vendaval. La casa de otra compañía, los Hijos del Vendaval: hamacas, cofres y, clavado en la pared, un mapa con todas las islas tachadas. El almacén de pertrechos. Un almacén de estanterías altas: cuerdas, faroles, mochilas, raciones secas, todo lo que hace falta para una expedición. La sala de copia. Pupitres inclinados, tinteros secos, plumas sin cortar. La punta del muelle largo. El final del muelle largo, donde las olas saltan por encima de las piedras. La rampa de botadura. La rampa por la que se botaban los barcos, cubierta de algas resbaladizas. El casco a medio hacer. Dentro del casco sin terminar, entre las cuadernas, el viento silba como en un órgano. El mapa grande. Una pared entera la ocupa un mapa de la costa, enorme, pintado a mano: cada cala, cada roca, cada pueblo. El cruce de las redes. Redes tendidas entre palos hacen pasillos al aire libre, entre el astillero y la playa. La playa de los naufragios. Una playa de arena gris sembrada de restos: tablones, toneles reventados, un mascarón con la cara comida por el mar. La playa de las anclas. Anclas de todos los tamaños, oxidadas y medio enterradas, asoman en la arena como lápidas. Los restos de la carraca. El casco de una carraca grande, varada de lado en la arena. La costa de las rocas. Rocas negras y afiladas, cubiertas de lapas y de algas, con charcas entre ellas: hay que saltar de una a otra. La cala del oeste. Una cala pequeña entre dos brazos de roca, con el agua quieta y verde. La boca de la cueva marina. La boca de una cueva marina por la que entra el mar con un rugido en cada ola.
1 planta por encima Plano de La Costa de la Sal, 1 planta por encima: 3 salas. La planta baja del faro. La planta baja del faro: un cuarto redondo con la escalera de caracol subiendo por el centro. La despensa del farero. Un cuarto pequeño con sacos de harina, ristras de ajos y barriles de aceite para la lámpara, todos llenos: hace mucho que no se gasta. La habitación del farero. Una habitación con una cama estrecha, una mesa y un catalejo que apunta al mar por la ventana.
2 plantas por encima Plano de La Costa de la Sal, 2 plantas por encima: 3 salas. La escalera de caracol. La escalera de caracol sigue subiendo, con los escalones gastados por el centro. El ventanuco del norte. Un rellano junto a un ventanuco que da al mar. El cuarto del aceite. Un cuarto lleno de tinajas de aceite volcadas y rotas: el suelo resbala y huele a grasa.
3 plantas por encima Plano de La Costa de la Sal, 3 plantas por encima: 2 salas. La escalera alta. La escalera se estrecha y el aire huele a sal quemada, como cuando la ola rompe contra la roca caliente. La galería de las ventanas. Una galería redonda con ventanas a todos los lados, casi todas rotas.
4 plantas por encima Plano de La Costa de la Sal, 4 plantas por encima: 4 salas. La sala de la lámpara. La sala de servicio de la linterna: engranajes, cadenas, el mecanismo que hacía girar la luz, parado. El rincón del tesoro. Un cuarto pequeño donde alguien ha amontonado, con cuidado, cosas que brillan: monedas, hebillas, cristales, un yelmo dorado. La balconada del faro. Una balconada de hierro alrededor de la cima del faro, con la barandilla doblada. La linterna. La linterna del faro, una jaula de cristal y hierro en lo alto de la torre.
1 planta por debajo Plano de La Costa de la Sal, 1 planta por debajo: 9 salas. El sótano de las grúas. Un sótano de piedra húmeda bajo la plaza de las grúas, con una escala de hierro que sube a la trampilla. La salida al mar. Una gruta inundada donde el sótano da al mar por una boca baja. El depósito de barriles. Barriles apilados hasta el techo: vino sin sello, aceite, cosas sacadas de los barcos naufragados. El túnel de los contrabandistas. Un túnel bajo, excavado a pico, por el que hay que ir agachado. La cueva de la marea. Una cueva que el mar llena hasta la cintura dos veces al día. La gruta de los ahogados. Una gruta sin salida donde el mar deja lo que se lleva: cuerpos hinchados que no se quedan quietos. El embarcadero oculto. Un embarcadero tallado en la roca, con una barca negra amarrada y los remos envueltos en trapos para no hacer ruido. La cueva del botín. La cueva donde los contrabandistas guardan lo que trae el mar: arcones de barcos, cajas con sellos de puertos lejanos, un ancla de plata. El camarote de la capitana. Un hueco de la roca arreglado como el camarote de un barco: una cama, un cofre, una mesa con cartas de navegar.