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Crisol

El mundo

La Caravana Perdida

La Caravana Perdida viene de un mundo de rutas largas y ciudades lejanas, y lo único que añora es llegar. Su gran caravana iba hacia Agua Prometida cuando el mundo se acabó, y cayó a la colada en mitad de la calima: cada mañana carga los camellos y cada noche vuelve al mismo caravasar.

Hay escorpiones en las dunas, saqueadores entre los carros de las caravanas que se perdieron antes y, en lo alto de la Roca del Vigía, algo que no quiere dejarla marchar. Amín, el guía ciego, busca quien le ayude a sacar a la caravana de la calima.

Niveles 41 a 46, 77 salas. Se entra desde La calima de la caravana perdida, a 16 casillas al suroeste de Darkhaven. Para ir desde el juego: viajar La Caravana Perdida.

Un cuadro por sala, del color de su terreno; al pasar por encima, o al tocarlo, sale su nombre y su descripción. Los cuadros siguen las salidas, pero no todas las zonas son planas: lo que no cabe va a trazos o en un trozo aparte.

El plano

La planta de la entrada

Plano de La Caravana Perdida, la planta de la entrada: 67 salas.El borde de la calima. El aire se espesa en una calima amarilla que borra el horizonte y deja el sol como una moneda vieja.El camino de los mojones. Los mojones salen de la calima uno detrás de otro, siempre a la misma distancia, como si alguien los hubiera puesto para no perderse.Entre mojones caídos. Aquí varios mojones han caído y la arena los cubre a medias.La calima espesa. La calima es tan espesa que no se ve el mojón siguiente.Ante el caravasar. Del polvo sale una muralla baja de adobe, con un portón abierto al oeste: el caravasar donde la caravana pasa la noche.La senda de las dunas. Una senda de arena dura sube entre dos lomas.La puerta del levante. Un portón de madera reforzada, abierto de par en par, y un arco con una inscripción borrada por la arena.El pie de las dunas. La arena empieza a subir en lomas largas que el viento peina.Las cuadras de los camellos. Una nave larga, de techo bajo, con los camellos arrodillados en fila y rumiando sin prisa.El almacén de los fardos. Fardos de sal, de tela y de especias, apilados hasta las vigas y atados con cuerdas que nadie ha desatado en mucho tiempo: la caravana los carga cada mañana y…El patio del caravasar. Un patio cuadrado de tierra pisada, con hogueras apagadas en ceniza fresca: la caravana llegó al anochecer, como todos los días.Entre dunas. Un pasillo de arena entre dos dunas, donde el viento no sopla y el calor se queda quieto.Los soportales del norte. Bajo los arcos del norte duermen los camelleros, envueltos en mantas que huelen a animal.Los soportales del sur. Bajo los arcos de adobe del lado sur, la caravana amontona sillas de montar y odres vacíos.El pozo seco del caravasar. En medio de la mitad oeste del patio, un pozo de brocal ancho y cubo de cuero.La cresta de arena. Una cresta afilada de arena, por la que se anda como por el lomo de un animal.La hondonada de las dunas. Una hondonada redonda, como si algo enorme se hubiera tumbado aquí.La entrada del palmeral. Por el hueco de la muralla del caravasar, al norte, se sale a un palmeral pequeño y ordenado.La tienda del Caravanero Mayor. Una tienda de lona a rayas montada bajo los soportales del norte, con cojines, un arcón con cerrojo y un mapa clavado en el poste: una línea recta desde aquí…La cocina de la caravana. Un fogón de piedra bajo los soportales, con un caldero de lentejas que no se acaba nunca.Junto al muro del poniente. Un banco de piedra pegado al muro del oeste, mirando hacia donde la caravana quiere ir y nunca llega.La duna que canta. La arena de esta duna zumba cuando se pisa, un sonido grave que se mete en los huesos.El hoyo de la serpiente. Un embudo de arena suelta en el que es fácil resbalar.La duna de los huesos. Huesos de camello, blanqueados y pulidos por la arena, asoman de la duna como las costillas de un barco.Bajo las palmeras altas. Las palmeras más viejas del oasis, tan altas que sus copas se pierden en la calima.El palmeral. Palmeras altas, con racimos de dátiles colgando, y una sombra que se agradece como un trago.El huerto de la caravana. Un huerto pequeño de cebollas y habas, regado a mano, junto a la puerta de la cocina, que queda al norte.El rincón de los mercaderes. Una esquina con alfombras tendidas sobre la tierra, donde los mercaderes de la caravana cuentan monedas y discuten precios para una ciudad a la que no han…La puerta del poniente. Un portillo estrecho en la esquina del caravasar, con la tranca echada por dentro y levantada a medias.El rastro de los escorpiones. Cientos de rastros finos se cruzan en la arena y van todos hacia el norte.La ladera de la gran duna. La duna más alta empieza aquí, y subirla cuesta dos pasos por cada uno que se avanza.Las acequias del palmeral. Acequias de barro, con compuertas de tabla, reparten el agua entre las palmeras.La linde del oasis. Las palmeras se abren sobre la orilla del oasis, al sur, y el aire huele por fin a agua.La choza del aguador viejo. Una choza de cañas y barro con un jergón, un cántaro colgado y una muesca en la jamba por cada viaje al oasis.El cementerio de las caravanas. Al otro lado del portillo empieza un campo de carros enterrados hasta los ejes, con las lonas podridas y las ruedas al aire: caravanas que se perdieron antes…Las dunas del poniente. Las dunas se hacen más altas hacia el oeste.La cima de la gran duna. Desde lo alto de la gran duna la calima queda por debajo, como un mar de polvo.Las palmeras del manantial. Aquí las palmeras crecen más juntas y más verdes, con las raíces metidas en el agua que sube del manantial, al sur.La orilla norte del oasis. El oasis, por fin: agua verde y quieta entre palmeras, con el cielo turbio reflejado.El sendero de los aguadores. Un sendero de barro seco, pisado por los aguadores que van y vienen con los cántaros.La noria. Una noria de madera con cangilones de barro, que ya no gira: el burro que la movía se murió hace mucho y nadie lo ha sustituido.El huerto de melones. Melones pequeños y duros entre surcos que el viento llena de arena.Los huesos de los camellos. Esqueletos de camellos tumbados en fila, todavía con las alforjas puestas.El campamento de los saqueadores. Lonas tendidas entre los carros, jergones y armas apoyadas al alcance de la mano.Entre carros enterrados. Un pasillo entre dos filas de carros cubiertos de arena.Las arenas removidas. La arena está removida a paladas, como un campo arado, y de ella asoman caparazones vacíos.Bajo los dátiles. Palmeras cargadas de dátiles se inclinan sobre el agua.La orilla del poniente. Una orilla de arena húmeda con huellas de garza.Los cántaros rotos. Un montón de cántaros rotos al pie de una palmera, y algunos enteros todavía, puestos a secar boca abajo.La caravana de sal. Una hilera de carros cargados de sal, que la arena ha ido cubriendo hasta dejar solo los toldos.El carro del jefe. El carro más grande del cementerio, desenterrado a mano y forrado de alfombras robadas.El círculo de carros. Los saqueadores han arrastrado varios carros hasta formar un corral, con una hoguera en medio y un botín sin repartir.El nido de la reina. Un hueco bajo la duna, fresco y oscuro, lleno de cáscaras de huevo y de caparazones.La orilla de los juncos. Juncos tan altos como una persona, que el viento hace sonar como cencerros lejanos.El manantial. En el centro del oasis, una losa de piedra rodea el ojo del manantial, por donde el agua sube fría desde muy abajo.La orilla del canal. El agua del oasis sale por un canal de piedra hacia el oeste.El carro volcado. Un carro grande, volcado de lado, con las ruedas mirando al cielo y la carga desparramada: alfombras, cacharros, un arcón reventado.Al pie de la Roca del Vigía. Una roca de arenisca roja se levanta aquí, vertical, hasta perderse en la calima.La orilla del levante. La orilla de levante, con una barca de cañas varada en el barro.La orilla del sur. Piedras planas donde las mujeres de la caravana lavan la ropa.El canal de los aguadores. Un canal de piedra, ancho como dos manos, lleva el agua hacia el oeste.Las tumbas de arena. Montículos alargados con un palo clavado en la cabecera: los que se quedaron atrás, enterrados por los que siguieron.El rincón de las garzas. Un rincón de agua baja, lleno de juncos, donde las garzas pescan quietas sobre una pata.El canal seco. El canal se queda sin agua de golpe, como si alguien hubiera cerrado una compuerta.La compuerta rota. Una compuerta de madera partida en dos, con la arena metida en el canal hasta arriba.El cauce de arena. Solo el borde de piedra dice que aquí hubo un canal.El pozo cegado. Un pozo redondo tapado de arena hasta el brocal.

1 planta por encima

Plano de La Caravana Perdida, 1 planta por encima: 2 salas.La primera repisa. Una repisa estrecha a media altura de la roca.Un saliente sobre la calima. Un saliente donde cabe una persona tumbada.

2 plantas por encima

Plano de La Caravana Perdida, 2 plantas por encima: 1 sala.La chimenea de arenisca. Una grieta vertical en la roca, por la que se sube apoyando la espalda en una pared y los pies en la otra.

3 plantas por encima

Plano de La Caravana Perdida, 3 plantas por encima: 3 salas.La repisa de los vientos. El viento sopla aquí desde todos los lados a la vez, cargado de arena.El mirador de levante. Desde aquí, al este, se ve el caravasar entero: el patio, las cuadras, el palmeral y el brillo del oasis.El nido vacío. Un nido de ramas secas, grande como una carreta, abandonado hace mucho.

4 plantas por encima

Plano de La Caravana Perdida, 4 plantas por encima: 3 salas.Bajo la cumbre. La última repisa antes de la cumbre.La grieta del viento. Una grieta en la roca por la que el viento pasa silbando una sola nota, siempre la misma.El saliente del poniente. Al oeste, por encima de la calima, se ve una ciudad blanca de torres delgadas.

5 plantas por encima

Plano de La Caravana Perdida, 5 plantas por encima: 1 sala.La cumbre de la Roca. La cumbre de la Roca del Vigía, por encima de la calima, bajo un cielo de color cobre.